El panorama político en *Colombia parece haber caído en una maduración prematura y abrupta de las campañas presidenciales*. Mientras los grandes medios de comunicación y las figuras de *los extremos se lanzan al ruedo con un afán desmedido*, queda en el aire una pregunta incómoda: *¿en qué momento se olvidaron de que los votos le pertenecen a la gente y no a las maquinarias ni a los egos de los políticos?*
Estamos presenciando una danza de alianzas donde muchos parecen dispuestos a *“tragarse sapos”* con tal de no soltar el poder. Se ven pactos entre sectores que, en teoría, defienden valores opuestos, *pero que hoy aplauden agendas sobre el aborto, el matrimonio igualitario y modelos educativos que cuestionan la identidad natural de los niños, todo con una flexibilidad moral que asombra. Si son capaces de ceder en lo que juraban proteger por una cuota de poder*, ¿qué más estarán dispuestos a entregar?
*Es doloroso ver cómo la política se desfigura hasta el punto de atacar de forma mezquina a una mujer por su origen indígena*, ignorando que, más allá de las diferencias ideológicas, es una luchadora que conoce la Colombia profunda, esa que los centros de poder han olvidado sistemáticamente.
Ya no se trata de perpetuar el ciclo de *“Petro o Uribe”*. Colombia necesita despertar de esa pesadilla binaria. La seguridad, por ejemplo, es un derecho fundamental que se debe garantizar con o sin nuevo gobierno; no debería ser el *“caballito de batalla”* de candidatos que solo la mencionan cuando necesitan votos. Lo mismo ocurre con la economía: *es claro que mejorar los sueldos no es un favor, es una necesidad para dinamizar el consumo y mitigar el hambre que aún castiga a tantas regiones*.
En este *escenario de extremos agotados*, surge una figura que está moviendo el tablero. *Abelardo de la Espriella* aparece como esa opción que, *con el humor y la franqueza del costeño, pero con un alma decidida a servir, propone una alternativa real*. Quienes votaron por él en la consulta no lo hicieron por seguir un ego, sino buscando a alguien que *se “dé la pela” para que las metas estancadas del país vuelvan a renacer*.
Es el momento *de caminar por esa Colombia soñada, lejos de quienes tienen la vida asegurada para cuatro generaciones pero fingen preocuparse por las comunidades solo en campaña*. El voto es el arma más poderosa del ciudadano; *no permitamos que nos lo arrebaten quienes solo ven en el país un botín personal*.


































































