Popayán es una ciudad de contrastes, y no hay lugar donde esto sea más evidente que en los alrededores del barrio Valencia. Para propios y extraños, la zona conocida popularmente como el “Bostezo” es el epicentro del rebusque, el motor de la compra y venta, y ese rincón de la Comuna 4 donde, según dicen, “se consigue de todo, desde un tornillo hasta el negocio de su vida”. Sin embargo, ese dinamismo comercial a veces camina por la delgada línea de la irregularidad.
El golpe a la “maquinaría” de la calle 5A
En las últimas horas, el sector no fue noticia por sus remates, sino por el despliegue de la Policía Nacional. El operativo fue quirúrgico: registros a personas, verificación de motocicletas y una lupa puesta sobre la legalidad de los establecimientos. El resultado es un llamado de atención para quienes creen que el desorden es el estado natural del comercio en la zona.
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Documentación de cartón: La incautación de ocho tarjetas de propiedad falsas revela una problemática latente: el riesgo de comprar vehículos de dudosa procedencia que terminan convirtiéndose en un dolor de cabeza legal para el ciudadano incauto.
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Cierres necesarios: La aplicación de la Ley 1801 de 2016 no es un capricho. El cierre de un local de compra y venta y la suspensión de actividades por cinco días a otro establecimiento en la Calle 5A con carrera 15, son recordatorios de que la confianza del cliente debe estar respaldada por papeles en regla.
“El artículo 92, numeral 16 del Código de Convivencia es claro: no se trata de perseguir al comerciante, sino de garantizar que el espacio público y la economía local no sean caldo de cultivo para la ilegalidad.”
¿Hacia una cultura de la legalidad?
El “Bostezo” no va a dejar de ser el corazón comercial de la Comuna 4 de la noche a la mañana, ni debería. Su energía es vital para la economía popular de Popayán. No obstante, estos operativos de control son necesarios para “despabilar” a un sector que a veces se sumerge en la informalidad absoluta.
Si queremos una Popayán segura, el comercio debe ser el primero en blindarse. Comprar una moto no debería ser una apuesta de azar, y tener un local abierto al público debe ser sinónimo de responsabilidad civil. Al final del día, a los que “les cayeron” no es solo por una falta de sellos, sino por olvidar que el progreso de la ciudad también depende de jugar limpio.


































































