Históricamente, el norte del Cauca ha ocupado los titulares de prensa por las razones equivocadas. La violencia, las disputas territoriales y el abandono estatal han sido, por décadas, el telón de fondo de una región que posee una riqueza humana y productiva incalculable. Por eso, noticias como la reciente entrega de obras viales y el anuncio de una nueva sede educativa en Guachené no deben leerse como simples reportes de ingeniería civil, sino como actos de reivindicación social.
La entrega de pavimentación en los sectores de Cabañita y Guabal tiene una lectura que trasciende el asfalto. Para un campesino o un pequeño productor, una vía no es solo un camino; es la diferencia entre que su cosecha se pudra en la finca o llegue a tiempo al mercado. Es la posibilidad de que una ambulancia entre a la vereda o que un joven no desista de ir a estudiar porque el barro le impide el paso. La infraestructura vial es, en esencia, el sistema circulatorio de la economía rural.
Sin embargo, el anuncio más esperanzador es el de la Institución Educativa San Jacinto en Ciénaga Honda. Destinar más de 3.100 millones de pesos a la educación en una zona rural es una declaración de guerra contra la desigualdad. Cuando el Estado levanta muros para escuelas en lugar de muros para cuarteles, le está diciendo a la juventud de Guachené que su futuro no tiene que estar ligado a la informalidad o al conflicto, sino al conocimiento y la profesionalización.
El discurso del gobernador Octavio Guzmán toca una fibra sensible: el sentido de pertenencia. Pero ese orgullo no se construye solo con palabras, sino con hechos palpables. El ciudadano cree en su tierra cuando ve que sus impuestos regresan convertidos en bienestar. La estrategia de “cerrar brechas” que menciona el gobierno departamental es el único camino real hacia la paz duradera; la paz no es un documento firmado, es una carretera terminada y un aula llena de niños con pupitres nuevos.
Guachené merece este impulso. El reto ahora será la veeduría ciudadana: asegurar que cada peso se invierta con transparencia y que los tiempos de obra se cumplan. El norte del Cauca ya ha esperado demasiado; es hora de que el progreso deje de ser una promesa de campaña y se convierta en el paisaje cotidiano de su gente.


































































