La reciente ofensiva del Ejército Nacional en las selvas del Vaupés no es un operativo más en la larga lista de confrontaciones contra las disidencias. El golpe al corazón del anillo de seguridad de Néstor Gregorio Vera Fernández, alias “Iván Mordisco”, y la caída de su pareja sentimental y jefa de seguridad, alias Lorena, marca un punto de inflexión que trasciende lo militar para instalarse en lo simbólico y lo político.
Desde que Mordisco decidió darle la espalda al Acuerdo de Paz de 2016, su figura se construyó bajo un aura de “invulnerabilidad” selvática. Sin embargo, la precisión del Plan Ayacucho Plus demuestra que el Estado finalmente ha decidido descifrar el mapa de la Amazonía que el disidente creía de su exclusiva propiedad.
El costo de la fragmentación
La caída de alias Lorena no solo debilita la logística inmediata de Mordisco; expone la fragilidad interna de una organización que, bajo la fachada de “Estado Mayor Central”, parece más una confederación de intereses criminales que un proyecto insurgente cohesionado. Los informes sobre disputas de poder y purgas internas lideradas por la propia Lorena sugieren que el grupo se sostiene más por el miedo que por la ideología.
Para el gobierno de Gustavo Petro, esta ofensiva es una respuesta necesaria —aunque tardía para algunos sectores— a la fragmentación de la “Paz Total”. Tras el fracaso de los diálogos con la facción de Mordisco en 2023, la administración entendió que la voluntad de paz no se suplica, se incentiva desde la posición de fuerza.
Entre la captura y el reacomodo
Si bien la muerte de Lorena es un triunfo táctico, el país debe mirar con cautela. La historia de Colombia nos ha enseñado dos lecciones amargas:
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El efecto hidra: La neutralización de un cabecilla suele dar paso a mandos medios más violentos y menos predecibles.
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El vacío de poder: Si el control militar no llega acompañado de una oferta estatal institucional (salud, vías, educación), la economía ilegal del narcotráfico y la minería simplemente cambiará de manos.
“No basta con que Mordisco esté ‘corriendo en la selva’, como afirma el Ministro de Defensa. El éxito real se medirá cuando el Estado llegue para quedarse en los territorios que él hoy abandona”.
Un mensaje de autoridad
El mensaje enviado desde el Vaupés es claro: nadie es inalcanzable. La recompensa de 5.000 millones de pesos y la presión constante sobre su círculo íntimo están logrando lo que años de retórica no pudieron: arrebatarle la iniciativa al criminal.
El desenlace sobre el futuro de Mordisco parece estar cerca, pero el verdadero reto para el Gobierno colombiano empezará el día después de su caída. Ese día, el Estado tendrá que demostrar que es capaz de gobernar la selva con justicia, y no solo con bombardeos. El reloj corre, y esta vez, el tiempo no parece estar a favor del hombre más buscado de Colombia.


































































