La Semana Santa no es solo un espacio en el calendario litúrgico; es, ante todo, un recordatorio vibrante de los valores que sostienen nuestra estructura social. En estos días de reflexión, la figura de Jesucristo emerge no solo como un referente religioso, sino como el máximo símbolo de entrega y fraternidad, recordándonos que el camino se recorre mejor cuando se camina en comunidad.
Este Miércoles Santo, Puerto Tejada se convirtió en el escenario de una manifestación de fe que trasciende lo individual. Vivir la jornada con el pueblo, participar en la santa misa y compartir el fervor colectivo, permite entender que las tradiciones son el pegamento que mantiene unida a una sociedad, especialmente en tiempos donde la polarización intenta ganar terreno.
Uno de los momentos más significativos de esta jornada fue, sin duda, la oportunidad de cargar el paso de ‘La Dolorosa’. Portar sobre los hombros esta imagen no es solo un acto de devoción; es un ejercicio de orgullo y dignidad. Representa el peso de nuestras propias luchas, pero también la fortaleza necesaria para seguir adelante, inspirados en la resiliencia y el mensaje de esperanza que emana de las enseñanzas cristianas.
El cariño recibido por parte de las amigas y amigos en Puerto Tejada reafirma un compromiso claro: la política, el periodismo y el liderazgo social carecen de sentido si no se nutren del contacto directo con la gente. Estar presentes, escuchar y participar de sus tradiciones es la forma más honesta de decir: “Estamos con ustedes”.
En conclusión, la fe debe ser esa fuerza que nos impulse a trabajar por la unión. Que el ejemplo de servicio y entrega de Jesucristo nos sirva de guía para seguir construyendo puentes en nuestra región. Puerto Tejada ha demostrado una vez más que, cuando la fe y la comunidad se encuentran, el mensaje de esperanza se hace tangible.


































































