En el departamento del Cauca, la música no es solo entretenimiento; es el lenguaje con el que nuestras comunidades narran su historia y protegen su identidad. Un ejemplo vibrante de este compromiso generacional se vive hoy con la Chirimía Infantil La Poblaceña, proveniente de la vereda que lleva su nombre en el municipio de Sotará.
Recientemente, durante la Feria Láctea, el stand de esta agrupación se convirtió en un faro de folklore caucano. Ver a estos niños y jóvenes interpretar con maestría los ritmos de nuestra tierra es el resultado de una disciplina admirable: ensayos constantes, tres veces por semana, donde el cansancio cede ante el orgullo de representar a su municipio.
Este esfuerzo no es solitario. Detrás de cada nota hay un equipo humano sólido. El profesor José Fernando Benavidez ha logrado canalizar el talento de los menores, pero es el soporte institucional el que permite que estos procesos trasciendan. El apoyo decidido del alcalde de Sotará, Jaime Alberto Martínez, y de la gestora social, Lady Paz, ha sido fundamental para que el folklore no sea una actividad olvidada, sino un eje central del desarrollo social en la región.
Sin embargo, el alma de la agrupación reside en las familias. Natalia Vásquez, una madre que refleja el sentir de muchos padres en la vereda, comparte con orgullo cómo sus dos hijos,una pequeña de 9 años y su hijo mayor de 18, forman parte de esta familia musical. Esa entrega de los padres, que acompañan y alientan, es lo que garantiza que la tradición no se pierda.
Como broche de oro a su destacada participación, los niños disfrutaron de una jornada de cine en Popayán. Entre crispetas, perros calientes y risas frente a la pantalla grande, estos pequeños artistas recibieron una merecida recompensa a su dedicación. Estos gestos, aunque sencillos, son poderosos: le dicen al niño que su esfuerzo vale la pena y que su cultura tiene un lugar especial en el mundo.
Sotará demuestra que cuando la administración municipal, los maestros y los padres de familia caminan en la misma dirección, el resultado es una juventud empoderada, orgullosa de sus raíces y lista para seguir haciendo sonar la chirimía en cada rincón del departamento. ¡Que siga sonando La Poblaceña!
Columnista: Marcelo Alberto Arango Mosquera


































































