Hay que reconocerlo: la institución policial siempre nos sorprende. Cuando pensábamos que lo habíamos visto todo en materia de operativos, llega el patrullero Omar Castillo para recordarnos que el amor no conoce de leyes, ni de horarios, y mucho menos de manuales de funciones.
El pasado 9 de abril, a las 4:45 de la mañana, una hora donde la gente decente está durmiendo o, al menos, fingiendo que trabaja, el patrullero Castillo decidió que la Sala Preventiva de Libertad de Champagnat, en Cali, no era una fría estación de policía, sino el escenario perfecto para un remake criollo de 50 Sombras de Grey.
El “Operativo Cupido” en el baño del primer piso
Mientras el resto de los mortales se toma un café para despertar, nuestro protagonista prefirió un entrenamiento cardiovascular más… intenso. Bajo la excusa de llevar a la interna Lizbeth Carolina Chuga (detenida por tráfico de estupefacientes, porque al parecer lo suyo es generar adicciones) al baño, el patrullero decidió que la mejor forma de custodiarla era perderla de vista… pero ganarla de cerca.
Lamentablemente para este “Romeo de verde oliva”, la teniente Erika Naranjo no comparte su visión romántica de la vigilancia. Al abrir la puerta del baño, no encontró un procedimiento de seguridad, sino al patrullero en una situación que la prensa, con mucha elegancia, describe como “con los pantalones abajo”.
Nota del editor: Si usted cree que su trabajo es difícil, imagine ser la patrullera que tuvo que reportar que su compañero no estaba pasando revista, sino pasando un buen rato.
¿Abandono del servicio? ¡Pero si estaba dándolo todo!
La Justicia Penal Militar lo capturó por abandono del servicio. Y técnicamente tienen razón: abandonó la vigilancia, abandonó la ética y, lo más grave, abandonó la dignidad institucional en un baño de baldosas frías.
Lo más tierno de esta trágica comedia es que la interna declaró que todo fue consensuado. ¡Qué alivio! Al menos sabemos que hubo química entre el custodio y la custodiada. Es reconfortante saber que, en medio del hacinamiento y el sistema judicial colapsado, todavía hay espacio para que florezca el romance… aunque sea un romance exprés de cinco minutos antes del cambio de turno.
Lecciones de este “Match” carcelario:
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Optimización del tiempo: Castillo demostró que se puede ser multitarea: vigilar, escoltar y amar, todo antes del amanecer.
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Seguridad reforzada: Ahora el patrullero sabe perfectamente cómo se siente estar del otro lado de la reja. Pasó de tener las llaves a esperar que alguien más le abra.
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Mejor que Tinder: ¿Para qué usar aplicaciones si tienes una base de datos de internos a tu disposición? (Por favor, no responda a esta pregunta).
Al final, el patrullero Castillo terminó siendo la víctima de su propio operativo. Lo encontraron con las manos en la masa y el uniforme a media asta. Hoy, mientras enfrenta su proceso judicial, seguramente reflexiona sobre esa gran verdad universal: el amor es ciego, pero los tenientes de turno tienen una vista de águila. Esperamos que en su nueva celda, alguien tenga el detalle de dejarle una rosa. O, al menos, un cinturón que apriete un poquito más.


































































