Los bloqueos en la Vía Panamericana son una imagen recurrente que, para muchos, se ha convertido en sinónimo de *frustración e impotencia*. Sin embargo, lo que resulta más desconcertante y doloroso es la contradicción que yace en el corazón de estas protestas: aquellos que exigen ser escuchados y respetados, recurren a métodos que atentan contra la dignidad y seguridad de sus propios compatriotas.
El uso de* papas bomba* contra vehículos que transportan alimentos, medicinas o simplemente personas que regresan a casa, no solo es un acto de violencia, sino una traición a la misma causa que dicen defender. Los afectados directos no son los poderosos, sino el* pueblo común*: transportadores que arriesgan su sustento, familias que se ven separadas y comunidades enteras que quedan desabastecidas. *¿Qué tipo de lucha es esta que castiga a sus iguales?*
Se invoca la palabra *“resistencia”*, pero ¿puede una resistencia ser legítima cuando vulnera el derecho fundamental a la libre locomoción, un pilar esencial de la vida en sociedad? Se habla de *“humanidad” y de “justicia social”*, pero la inhumanidad de un ataque con explosivos a un civil es una mancha que deslegitima cualquier reclamo. No se puede construir una sociedad más justa destruyendo los cimientos de la convivencia.
El *Cauca* es, y siempre ha sido, *Colombia*. Y esa realidad no puede ser ignorada. Es un territorio de inmensa riqueza cultural y natural, pero también un epicentro de tensiones históricas. *La paz y la seguridad* de sus habitantes deben ser una prioridad innegociable. La inacción o la respuesta insuficiente por parte del Estado, en este caso, del *Ejército y la Policía*, es un fracaso que profundiza el resentimiento y alimenta la desesperanza. Tienen la obligación de salvaguardar los derechos de todos los ciudadanos, garantizando no solo la libre movilidad, sino también la seguridad personal.
Mientras la Panamericana siga siendo un campo de batalla, la brecha entre las comunidades y los manifestantes se hará más profunda. La única salida es el diálogo genuino, un diálogo que no se imponga con violencia, sino que se construya con respeto. *Porque al final del día, los afectados somos todos.*
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