La decisión del Consejo Nacional Electoral (CNE) de avalar de forma condicionada la fusión del Pacto Histórico, excluyendo a uno de sus movimientos fundadores, Colombia Humana, es mucho más que un simple tecnicismo legal. Este fallo, basado en la falta de quórum en la asamblea de Colombia Humana, pone de manifiesto las profundas tensiones y los desafíos que enfrenta la izquierda colombiana en su intento por consolidar una fuerza política única.
El objetivo de crear un partido unificado con una sola personería jurídica es comprensible. En teoría, permitiría al Pacto Histórico actuar de manera más coordinada, con una agenda clara y una estructura sólida. Sin embargo, el camino hacia esa unidad está resultando más complejo de lo previsto. La exclusión de Colombia Humana, el movimiento que llevó a Gustavo Petro a la presidencia, es un golpe significativo. No solo por su peso político y simbólico, sino porque revela una fractura interna que podría debilitar al movimiento en su conjunto.
La justificación del CNE se centra en un detalle burocrático: el número de asistentes a una asamblea. Si bien la legalidad del proceso es incuestionable, este hecho abre un debate más amplio sobre la capacidad de los partidos y movimientos que integran el Pacto Histórico para superar sus diferencias internas y alinearse bajo un mismo paraguas. La falta de quórum podría ser un simple descuido, o la señal de una base que aún no está completamente convencida de diluir su identidad en favor de un proyecto mayor.
Este escenario genera incertidumbre. Por un lado, plantea la pregunta de si el Pacto Histórico puede avanzar como una fuerza cohesionada si sus principales componentes no están completamente a bordo. Por otro, obliga a los sectores involucrados a redefinir su futuro político. ¿Buscará Colombia Humana una nueva vía? ¿Se mantendrá como una entidad separada pero aliada? La respuesta a estas preguntas definirá no solo el destino de sus militantes, sino también el rumbo del proyecto político que llegó al poder en 2022.
En definitiva, la decisión del CNE es un recordatorio de que la unidad no se decreta, se construye. El Pacto Histórico tiene ante sí el reto de transformar esta adversidad en una oportunidad para fortalecer su base y demostrar que, a pesar de las dificultades, el proyecto de una izquierda unida sigue siendo viable. El futuro de esta alianza dependerá de su capacidad para sanar estas fracturas y encontrar un camino común que vaya más allá de los formalismos.


































































