*De servir a servirse: la traición de los principios*
La política, al igual que cualquier otra institución, sea religiosa o civil, se enfrenta a un desafío fundamental: equilibrar la preservación de su mensaje original con la inevitable necesidad de una estructura de poder que lo administre. *El texto subraya una tensión constante: si bien las instituciones son cruciales para custodiar y transmitir sus principios fundacionales, también corren el riesgo de corromperse*. En este proceso, la estructura de poder, los líderes y sus intereses personales pueden terminar suplantando y, en última instancia, traicionando los ideales que juraron proteger.
Este fenómeno se refleja en la cita del *Catecismo Católico*, que nos recuerda que el Magisterio de la Iglesia no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio. . *Esta misma lógica debería aplicarse a los partidos políticos: su aparato, sus líderes y sus dirigentes no deben ser un fin en sí mismos, sino herramientas para servir a los principios y las ideas que los vieron nacer*. Sin embargo, en el contexto electoral actual, es evidente que muchos han olvidado esta máxima.
*Los oportunistas de siempre: la política como botín*
El texto critica duramente a aquellos que, movidos por el oportunismo, se acercan a la comunidad solo cuando les conviene, buscando un escaño en el *Senado de la República* o cualquier otro cargo. Son “muchachitos” que desprecian a sus propios coterráneos y se arriman a candidatos de la misma colectividad, viendo las elecciones como un simple *“botín que se puede aprovechar”*.
La traición a los principios se manifiesta en acciones concretas: cocineros de *“media monta” que queman a sus equipos, personajes que solo piensan en sus “secuaces”, y “salamandras”* que, tras la lealtad de la comunidad, desaparecen cuando no hay un beneficio directo. La referencia a la salamandra, un animal *negro y venenoso*, es una metáfora perfecta para describir a estos individuos que, a pesar de su veneno y su oportunismo, *buscan presentarse como los herederos legítimos de un legado.*
*El llamado a la lealtad y al servicio*
La *columna hace un llamado a la vigilancia. Los “ojos y oídos” de la comunidad están atentos,* distinguiendo entre aquellos que realmente merecen un cargo por su servicio y aquellos que solo buscan servirse de él. El autor advierte que el tema de la política no es un juego de acomodo y *“aprovechamiento”*, como lo demuestran *los “amigos del mono González y otricos”.*
*El mensaje es claro: en un sistema político donde la lealtad y los principios a menudo son sacrificados en el altar del poder personal, es crucial recordar que la verdadera vocación de un líder y de una institución es servir, no servirse*. ¿Cómo podemos asegurar que los líderes que elegimos sean verdaderamente guardianes de los principios y no simples oportunistas? *La respuesta está en la capacidad de la ciudadanía para discernir y exigir un compromiso genuino.*


































































