Popayán, la “Ciudad Blanca”, *está llena de historias que a menudo se pierden en el pasado. Pero hubo un hombre que dedicó su vida a desenterrarlas*, a tejer los hilos de nuestro pasado para que no los olvidemos. Ese hombre fue *Diego Vicente Castrillón Arboleda*, un payanés que nació en 1917 y nos dejó en 2009, dejando un legado incalculable para el Cauca y Colombia.
*Su nombre no resuena en los grandes titulares, pero su trabajo es la base de lo que somos hoy*. No fue un político ni un militar, sino un historiador, un biógrafo y un escritor que comprendió que la memoria es un acto de resistencia. A través de sus obras, *nos recordó que la historia no es solo una colección de fechas y nombres, sino el alma de un pueblo*, el reflejo de sus luchas, sus triunfos y sus tradiciones.
*Castrillón Arboleda no solo se limitó a la historia de Popayán*, sino que exploró las raíces de la región, desde sus pueblos originarios hasta el periodismo caucano, como lo evidenció en su libro *“Popayán en la República: 180 años de periodismo”*. Su labor fue un recordatorio constante de que, para entender el presente, hay que mirar hacia atrás. Nos enseñó que el pasado no es un peso, sino una brújula que nos orienta.
En una época en la que la inmediatez domina, *el ejemplo de Diego Castrillón Arboleda nos invita a la reflexión*. Nos insta a valorar la investigación, a honrar a aquellos que construyeron nuestra identidad, y a ser conscientes de que cada uno de nosotros es, a su manera, un eslabón en la gran cadena de la historia. *Ser caucano, ser colombiano, es también ser parte de ese relato.*
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