El mensaje es brutalmente sincero: “El municipio hace una obra” se ha convertido en la excusa, no en el fin. La imagen de 50 personas posando para un solo árbol es más que una anécdota ridícula; es el epitafio de una gestión pública que ha confundido el servicio con la simulación y la ejecución con el espectáculo mediático.
La obra no es el árbol sembrado, sino la fotografía tomada. La inversión no se mide en el beneficio comunitario, sino en la calidad del gloss (brillo) que se le pone a la imagen del funcionario.
La Hipertrofia de la Vanidad
¿Qué revela esta obsesión por el selfie institucional? Que el ego se ha convertido en el principal motor de la política local. Si un árbol puede ser sembrado por una o dos personas con un jardinero, la presencia de medio centenar de burócratas solo tiene un propósito: la distribución equitativa del tiempo de cámara. Cada jefe quiere su prueba visual de que estuvo ahí, contribuyendo a una obra que, de otra forma, no lo necesitaría en absoluto.
Esta práctica no solo es ineficiente, malgasta el tiempo de cincuenta empleados, sino que es una burla a la ciudadanía. Mientras los problemas reales de la comarca esperan solución, los altos mandos están ocupados en el arte de la figuración, priorizando su portafolio personal sobre el bienestar colectivo.
El Ejército de la Comunicación Vacía
La crítica se eleva cuando se pone el foco en los jefes de prensa repartidos en cada oficina. Hemos llegado al punto donde la burocracia de la imagen es más grande que la burocracia de la gestión. La pregunta clave ya no es “¿Se resolvió el hueco en la vía?”, sino “¿Salió bien la foto del secretario?”.
La figura que usted describe la persona preocupada únicamente por la comunicación entre el funcionario y el periodista, es el soldado de primera línea en una guerra contra la realidad. Su misión no es informar, sino controlar la narrativa. Su verdadero pánico no es el fracaso de la gestión, sino que un titular incómodo rompa el filtro de perfección que intentan imponer.
Lo deprimente es el fracaso de esta estrategia. Como bien señala el mensaje, a pesar de tener un ejército de comunicadores y de haber “perdido la plática” en ellos, la imagen del alcalde y su equipo va “de mal en peor”. Esto no es un fracaso de los comunicadores; es un fracaso de la sustancia.
La Realidad es el Peor Maquillador
La única razón por la que un equipo de prensa “no es capaz de maquillar la realidad” es porque la realidad es demasiado cruda. La gente no vive de posts de Instagram; vive de calles pavimentadas, de salud pública eficiente y de seguridad.
Cuando la obra es “poco y nada”, no hay marketing político que lo salve. La mejor estrategia de comunicación para un alcalde es, sencillamente, hacer un buen trabajo. Si la gestión es visible y efectiva, los periodistas la buscarán y los ciudadanos la aplaudirán sin necesidad de cincuenta personas posando con una pala nueva.
Es hora de que los municipios dejen el set de fotografía y vuelvan a la trinchera. Menos selfies en el árbol y más inversión en la raíz de los problemas. Solo cuando la obra sea genuina, la imagen se arreglará por sí sola. De lo contrario, seguiremos viendo la triste obra teatral de la siembra, donde todos posan, pero nadie se ensucia las manos.
¿No es ya tiempo de desmantelar este “Ejército de la Imagen” y usar esos recursos para comprar más semillas y menos cámaras
IMAGEN TOMADA DE INTERNET


































































