La vida moderna, *saturada de pantallas y redes sociales, nos ha entregado un fenómeno paradójico: los influencers*. Hace unos años, la cifra era manejable, *hoy superamos los 300, y lo que es más desconcertante, miles siguen a aquellos que han fracasado en casi todo, pero se autodenominan coaches*. Esta proliferación de gurús de autoayuda, que capitalizan la estupidez o la profunda falta de bienestar consigo mismo de la gente, *no es solo un chiste de redes; es un espejo de nuestra política.*
La *política en el Cauca, y me atrevo a decir que en gran parte del país, emula esta dinámica*. Vemos precandidatos y candidatos que insisten en la contienda, algunos con más de *cinco intentos fallidos a cuestas, cuya única estrategia, el único argumento de servicio que han desarrollado*, es la difamación *sistemática de sus contendores. Hablar mal del otro, en lugar de presentar una visión clara y viable para el territorio*, es la prueba más clara de su incapacidad y vacuidad.
La pregunta que flota en el ambiente es: *¿Por qué los colombianos no somos capaces de exigir y elegir congresistas que, si bien no son una imagen de perfección, al menos muestren una trayectoria de pocas imperfecciones?* ¿Por qué la tolerancia a aquellos cuya principal “credencial” es haber compartido mesa y favores con los corruptos de siempre?
*Es inaceptable que la estrategia para obtener un aval o para hacer campaña sea “pedir dinero” porque “hay que pagar para estar allí”.* Un candidato que no tiene la capacidad de argumentar sus propuestas de servicio, y en su lugar recurre a pagar para ser escuchado, ya está demostrando que su único activo es la billetera, o el padrino detrás de ella, y no el verdadero compromiso con la ciudadanía. *Pagar para que te escuchen es el antónimo de tener algo valioso que decir*.
La democracia colombiana necesita un reset. Necesitamos con urgencia una *Renovación al Congreso en 2026.* Ya basta de la vieja guardia sin ideas, de los eternos perdedores cuya única táctica es la guerra sucia, y de aquellos que se esconden para seguir compartiendo con los corruptos que hoy condenan en público.
El país necesita *verdaderos influencers, pero de la patria. Necesitamos congresistas que sean esos coaches que, en lugar de vender ilusiones vacías, utilicen su plataforma y su curul para hacer crecer esta bella empresa que se llama Colombia*. Que el servicio público sea su argumento, la transparencia su aval, y el bienestar colectivo su única y verdadera estrategia. *De lo contrario, seguiremos siendo una nación que se ríe de sus influencers de autoayuda, mientras permite que la misma mediocridad e incapacidad siga gobernándola*.


































































