La decisión del Centro Democrático (CD) de renunciar a una encuesta interna para seleccionar a su aspirante presidencial en 2026 es mucho más que un ajuste logístico; es una profunda lectura de su realidad política actual. El partido, acostumbrado a ser el eje dominante de la derecha, reconoce que la era del “candidato único natural” ha terminado. Esta movida es un acto de pragmatismo forzado, un paso esencial para construir un frente amplio que pueda desafiar al gobierno en el poder.
Al desechar la encuesta interna, el CD envía un mensaje claro: su prioridad ya no es imponer una figura propia, sino consolidar una alianza interpartidista robusta antes del cierre de inscripciones del 6 de febrero. Esta apertura es vital. La derecha colombiana se encuentra fragmentada, y el partido necesita sumar fuerzas con otras colectividades si quiere tener opciones reales en la consulta de marzo. El éxito de esta estrategia dependerá de qué tan generosos estén dispuestos a ser para ceder espacios y consensuar una fórmula que trascienda sus fronteras ideológicas.
El núcleo temático de la campaña se mantiene inmutable y funciona como su principal ancla: seguridad, crecimiento económico, defensa de la empresa privada y fortalecimiento institucional. Estos ejes, presentados como un muro de contención al avance del “neocomunismo destructor,” son la base sobre la que buscarán unificar al electorado tradicional de centro-derecha, capitalizando la creciente preocupación ciudadana por la inseguridad desbordada y la incertidumbre económica.
En este contexto de alianzas, la mención de Juan Carlos Pinzón para la presidencia y Juana Carolina Londoño para la vicepresidencia suena como una fórmula diseñada para responder a los imperativos del partido y de la coalición. Pinzón, con su perfil de exministro de Defensa y su enfoque en la seguridad, encarna la bandera principal del CD. Londoño, como congresista de Caldas, podría aportar un importante equilibrio regional y un rostro más joven y político al tiquete.
Sin embargo, el verdadero reto no es la fórmula Pinzón-Londoño, sino la capacidad de esta alianza para absorber y entusiasmar a otras fuerzas políticas y movimientos ciudadanos que no se sienten plenamente representados por el uribismo histórico.
La estrategia del Centro Democrático ha pasado de la autoafirmación a la búsqueda de socios. Este cambio es inteligente, pues reconoce que nadie puede ganar en solitario. Las próximas semanas serán cruciales para determinar si el CD, al dejar en libertad la elección, logrará finalmente construir el Gran Frente de Derecha que tanto necesita el país. De ello dependerá no solo su supervivencia electoral, sino la configuración del panorama político de 2026.


































































