El más reciente y brutal ataque perpetrado en Mondomo, corregimiento de Santander de Quilichao, no es solo un hecho aislado de violencia, sino un doloroso recordatorio de la profunda crisis de seguridad que carcome al departamento del Cauca. La visita del gobernador Octavio Guzmán y la secretaria de Gobierno, Maribel Perafán, junto a la Fuerza Pública, si bien necesaria, solo subraya la insuficiencia de las medidas actuales ante la audacia de los grupos armados ilegales.
El hostigamiento a la subestación de Policía con drones, atribuido a la disidencia “Jaime Martínez” del EMC, es un salto cualitativo en la agresión que merece la condena más enérgica. Es, como bien lo señala la Gobernación, una grave violación al Derecho Internacional Humanitario y un ataque directo contra la población civil. ¿Por qué? Porque el impacto de los explosivos no solo buscaba neutralizar a la policía; buscaba aterrorizar a la gente, destruyendo sus casas, sus comercios y su paz. La población civil, una vez más, se convierte en el campo de batalla y la víctima principal.
“A las familias afectadas, les expresamos nuestra solidaridad y nuestro compromiso con el Cauca”
Esta frase, noble y sentida, debe ir acompañada de hechos contundentes. La solidaridad se traduce en reparación inmediata de las viviendas y apoyo económico sostenido, no solo en un comunicado.
La Panamericana: Una Vía de Movilidad, un Corredor de la Muerte
El clamor de la Gobernación del Cauca al Gobierno Nacional por la urgencia de fortalecer la protección permanente de la Vía Panamericana es el punto central que no puede seguir ignorándose. Esta vía no es solo un tramo de asfalto; es la columna vertebral económica de la región andina y el suroccidente del país. Cuando la Panamericana está en riesgo, la economía y la seguridad nacional tambalean.
La inseguridad en este corredor es sistémica: retenes ilegales, extorsiones y ahora, ataques directos que buscan paralizar el tránsito y la vida. El Gobierno central debe entender que la estrategia de seguridad en el Cauca no puede ser reactiva, llegando solo después de cada explosión. Debe ser una estrategia de presencia permanente, inteligencia robusta y disuasión efectiva.
El ataque de Mondomo es una señal de que los grupos armados están reaccionando con fuerza a la ofensiva estatal. Pero el Estado debe responder con una presencia aún mayor y un compromiso inquebrantable, no solo con las fuerzas de seguridad, sino con el desarrollo social que le quite el oxígeno al reclutamiento.
El Cauca necesita algo más que visitas de solidaridad y comunicados de prensa. Necesita que el Gobierno Nacional ponga al departamento en la máxima prioridad de su agenda de seguridad. El grito de Mondomo es el grito de un departamento que se siente abandonado. Es hora de que ese grito sea escuchado y, sobre todo, sea atendido.
Columna Realizada por la Redacción de Noticias


































































