La política en el Cauca, como en gran parte del país, se organiza bajo una regla no escrita:* la exclusión sistemática de los liderazgos de las mujeres*. Una y otra vez, cuando los partidos y movimientos se sientan a “cuadrar la lista” a la Cámara de Representantes, los nombres de las líderes , esas gestoras incansables en territorios y comunidades, desaparecen bajo el peso de las maquinarias y los pactos masculinos.
Se nos dice que no hay suficientes mujeres preparadas, que no tienen la experiencia de “caja” o que simplemente *“es muy difícil ganar”* con ellas. Es el eterno retorno del miedo: el temor a empoderar a quienes, por naturaleza y vocación histórica, son las mejores organizadoras y las más firmes defensoras de la vida.
*El Miedo a una Masa Crítica*
Y es que una sola golondrina, por brillante que sea, no llama al verano. *El problema no es la ausencia de mujeres líderes, sino la pusilanimidad de quienes las postulan. Cuando una mujer es incluida en una lista, a menudo es puesta en un puesto testimonial, de relleno, obligada a competir bajo condiciones desiguales*, esperando que su presencia solo sirva para cumplir una cuota legal, no para ganar.
*El verdadero miedo es a la masa crítica*. El pánico es permitir que el *liderazgo femenino y la organización* que ellas representan se consoliden en un bloque electoral. Porque las mujeres no solo administran; ellas transforman. *Su agenda no es la del asfalto o el cemento sin sentido; es la de la educación, la salud, la alimentación, la protección de la tierra y la paz. Son ellas quienes cargan el peso de la supervivencia en los momentos más duros de la violencia en el Cauca*.
*La Salvación tiene Nombre de Mujer*
Pensemos por un momento en la audacia de una *lista única, conformada exclusivamente por mujeres, a la Cámara de Representantes por el Cauca*.
Esta no es una propuesta romántica, sino una *estrategia de salvación* para un departamento que necesita urgentemente una nueva ética en su representación.
El Cauca se desangra y se estanca en los mismos vicios políticos que han prometido el cambio, pero han entregado más de lo mismo. Las mujeres, con sus redes de apoyo comunitario, su pragmatismo en la gestión de la escasez y su capacidad innata para la articulación, representan la *única fuerza capaz de romper este ciclo*.
Lo que se ha visto en el Cauca no es una falta de liderazgos femeninos, sino una *falta de valor político* para apostarles a ellos. El liderazgo de las mujeres, su organización a prueba de fuego, su profundo conocimiento del territorio y su compromiso con agendas reales y vitales, es la *fuerza electoral y moral que puede redimir nuestra representación en el Congreso*.
Dejemos de incluirlas como relleno. Es hora de entender que ellas no solo son la alternativa: *son la única posibilidad real de cambio, de organización efectiva y de esperanza para el Cauca*. El verano, a diferencia de lo que dicen, sí puede llegar con un vuelo decidido y multitudinario de golondrinas.
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