La carta abierta del gobernador del Cauca, Jorge Octavio Guzmán Gutiérrez, al presidente Gustavo Petro no es un simple comunicado; es un grito de auxilio desesperado y una acusación directa de que la presión criminal en su departamento ha superado, por mucho, la capacidad de respuesta institucional local. Los más de 17 ataques registrados en las últimas semanas por disidencias de las FARC bajo el mando de “Iván Mordisco” son la evidencia más cruda de que la política de seguridad para esta región vital de Colombia está fallando.
La Panamericana: Un Símbolo de Crisis
La solicitud de militarización permanente de la Vía Panamericana no es un capricho; es una necesidad económica y humanitaria. Esta carretera no es solo un tramo de asfalto; es la arteria vital que conecta el suroccidente del país. Cuando esta vía es amenazada, no solo se compromete la movilidad de miles de ciudadanos, sino que se estrangula la estabilidad social, comercial y agrícola de toda una región. El Cauca, como bien lo señala el gobernador, no puede seguir enfrentando solo una guerra que no provocó. Exigir la protección de este corredor estratégico es exigir la protección de la economía nacional.
Desborde de la Capacidad Operativa Local
La frase “la capacidad operativa del departamento ha sido desbordada” es el corazón del problema. Refuerzos temporales y promesas de inversión social futura son insuficientes cuando la violencia está en su pico más grave de los últimos años. El gobernador es categórico al pedir presencia real, efectiva y contundente del Estado colombiano, y esto se traduce en las siete acciones inmediatas que propone:
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Refuerzo Militar Permanente: Aumentar las capacidades de reacción de la Fuerza Pública.
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Protección Humanitaria Reforzada: Asegurar a la misión médica, líderes sociales y personal institucional, quienes son blancos constantes.
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Coordinación de Alto Nivel: Los ministerios deben tener presencia física en el territorio.
La No Normalización de la Violencia
Es fundamental el rechazo del gobernador a la normalización o justificación de esta realidad. El Cauca no puede ser visto como un territorio inherentemente violento al que se le deba aplicar una resignación histórica. La vida y la dignidad del pueblo caucano deben ser una prioridad impostergable.
La inclusión de una Misión Internacional de Verificación subraya la gravedad y la urgencia. Al elevar el llamado a embajadas y organismos multilaterales, Guzmán no solo busca apoyo logístico, sino que busca un testigo global para supervisar el respeto al Derecho Internacional Humanitario (DIH) y los derechos humanos, poniendo la crisis bajo el escrutinio del mundo.
Un Llamado a la Acción Integral
Finalmente, el llamado a acciones integrales contra el reclutamiento y la violencia rural —a través de la inversión social y proyectos de transformación territorial— demuestra que el gobernador comprende que la solución a largo plazo no es solo militar. Sin embargo, no se puede construir un proyecto social duradero sobre la ceniza de los ataques y la inseguridad. La seguridad debe ser el cimiento inmediato sobre el cual se levante la transformación social.
La respuesta del Gobierno Nacional no puede tardar. El Cauca exige acciones inmediatas y contundentes para proteger la vida y la estabilidad de una región que es demasiado importante para ser abandonada a su suerte.


































































