En el ruidoso escenario de la política electoral, donde abundan las promesas de cemento y las cifras abstractas, resulta refrescante detenerse a escuchar la respuesta de Víctor Armero, candidato al Congreso por la Alianza Verde, ante una pregunta que desnuda la esencia de cualquier líder: ¿Quién sería usted si no estuviera aquí?
La respuesta de Armero no se refugia en la tecnocracia ni en la ambición del poder por el poder mismo. Por el contrario, nos remite a dos escenarios que son los pilares de la sociedad colombiana: la tierra y la escuela.
La política como extensión del servicio
Para Armero, la política parece no ser un destino, sino una herramienta. Al afirmar que, de no estar en la contienda, se encontraría trabajando el campo en la finca con sus hermanos o ejerciendo la docencia, el candidato establece un puente de confianza con el electorado. No es el político de escritorio; es el hombre que entiende el sudor de la frente y la paciencia que requiere sembrar una semilla, ya sea en el surco o en la mente de un niño.
Ese “¡Hola, profe!” que resuena en la vereda El Porvenir es, quizás, su credencial más valiosa. En un país que clama por educación de calidad, tener a alguien que sienta orgullo por haber formado a las generaciones actuales es garantía de una sensibilidad social que no se aprende en los manuales de campaña.
Raíces que alimentan el proyecto
Llama la atención su conexión con la identidad regional. Mencionar los tamales de Argelia o un buen tapado no es solo un gesto gastronómico; es un manifiesto político de pertenencia. Es reconocer que el Pacífico y nuestras veredas tienen un sabor, una cultura y unas necesidades propias que solo se entienden cuando se han compartido en la mesa familiar.
“Nuestras raíces son las que nos mantienen de pie”.
Esta frase de Armero resume lo que debería ser la ética pública: un ejercicio de representación que nunca pierda de vista el origen. Si el candidato logra llevar al Congreso esa misma pasión con la que camina su vereda, el sector rural y educativo podrían encontrar en él una voz auténtica.
Conclusión
Víctor Armero se presenta no como un mesías, sino como un ciudadano con vocación. En su visión, el campo, la educación y la familia no son eslóganes, sino el refugio al que volvería sin dudarlo. Al final del día, ese es el tipo de liderazgo que necesitamos: personas que sepan de dónde vienen para que nunca olviden para quién trabajan.


































































