Los carnavales de Pubenza en Popayán, concebidos como un espacio de encuentro, cultura y alegría, se vieron empañados este año por un acto de irresponsabilidad ciudadana que pudo terminar en tragedia. El atropello del agente de tránsito Frank Darlin Orobio Montaño no es un accidente de tránsito convencional; es el resultado de una mezcla peligrosa que sigue cobrando víctimas en nuestro país: el alcohol, la prepotencia y el desprecio absoluto por la autoridad.
Es inaudito que, en medio de un despliegue logístico diseñado para proteger a miles de ciudadanos, un conductor decida ignorar las vallas de seguridad y avanzar de manera irregular hasta embestir a un funcionario que cumplía con su deber. Este incidente en la glorieta de la Terminal de Transportes deja en evidencia una preocupante falta de cultura ciudadana y un síntoma de anomia social donde el deseo individual de “seguir la fiesta” se impone sobre la seguridad colectiva.
Un escape que agrava el delito
Lo que hace este caso particularmente indignante es la secuencia de los hechos: el conductor, presuntamente borracho, fue retenido inicialmente para luego darse a la fuga. Este acto de cobardía no solo complica su situación jurídica, sino que envía un mensaje nefasto a la sociedad. La huida es la confesión de quien sabe que ha actuado mal y busca evadir la justicia a toda costa, despreciando la integridad del agente herido.
Afortunadamente, el agente Orobio Montaño se encuentra estable en la Clínica San Rafael, pero el daño institucional y social ya está hecho. ¿Qué garantías tienen quienes cuidan nuestras calles si los ciudadanos se sienten con el derecho de pasarles por encima, literal y figuradamente?
Más que multas, se requiere conciencia
Este suceso debe encender las alarmas sobre el control de consumo de alcohol durante las festividades. No basta con instalar vallas y cerrar vías si no existe un control riguroso que impida que personas en estado de embriaguez tomen el volante. Las autoridades de Popayán tienen ahora el reto de capturar al responsable, quien ya está identificado, y aplicar las sanciones más severas que permita la ley.
La libertad de celebrar no otorga licencia para poner en riesgo la vida ajena. Si queremos que los Carnavales de Pubenza sigan siendo un orgullo para la “Ciudad Blanca”, la justicia debe actuar con celeridad para demostrar que la embriaguez no es un atenuante, sino un agravante que no quedará en la impunidad.


































































