El anuncio del gobernador Octavio Guzmán sobre la llegada de 600 nuevos policías a 37 estaciones y 11 subestaciones del Cauca no es una cifra menor; es un mensaje de presencia estatal en una región que, históricamente, ha sentido que el Estado llega tarde o simplemente no llega. Sin embargo, este despliegue, aunque esperanzador, debe ser analizado bajo la lupa de la sostenibilidad y la integralidad.
El valor de la presencia territorial
La distribución de este pie de fuerza en puntos estratégicos busca atacar un problema raíz: el vacío de autoridad en las zonas rurales y los cascos urbanos pequeños. El control territorial no se logra solo con patrullajes, sino con la recuperación de la confianza ciudadana. Que un habitante de una subestación remota vea un uniforme no debe ser sinónimo de conflicto, sino de una institución capaz de mediar en la convivencia y prevenir el delito común que asfixia el día a día.
Más que uniformes, una estrategia
La seguridad en el suroccidente colombiano es un rompecabezas complejo donde convergen economías ilícitas, conflictos sociales y violencia armada. Por ello, la llegada de estos 600 uniformados solo será efectiva si:
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Se articula con la justicia: De nada sirve capturar si la impunidad sigue siendo la regla.
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Se prioriza la inteligencia: Más que fuerza reactiva, el Cauca necesita anticipación para desarticular las redes criminales.
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Se acompaña de inversión social: La bota policial cuida la calle, pero solo la inversión en salud, educación y vías saca a los jóvenes de la criminalidad.
El desafío de la convivencia
El Gobernador Guzmán habla de “garantizar la convivencia ciudadana”. Este es, quizás, el reto más humano de esta misión. Los nuevos policías llegan a un territorio con heridas abiertas; su éxito no se medirá solo por el número de capturas, sino por la reducción en las tasas de homicidios y la tranquilidad con la que un campesino pueda sacar sus productos al mercado.
Conclusión El fortalecimiento del pie de fuerza es un paso en la dirección correcta para estabilizar el departamento este inicio de 2026. No obstante, la seguridad real no es la ausencia de conflicto por miedo a la autoridad, sino la presencia de condiciones para vivir dignamente. Los 600 policías son el escudo, pero el desarrollo social debe ser la espada que finalmente derrote la violencia en el Cauca.


































































