La reciente alerta de seguridad emitida por el gobierno de Estados Unidos respecto al espacio aéreo en el Pacífico colombiano ha generado un sismo de incertidumbre que la Aeronáutica Civil (Aerocivil) ha tenido que salir a mitigar. Más allá de un simple cruce de comunicados, este episodio revela las profundas grietas en la percepción de seguridad que aún persisten sobre una de las regiones más biodiversas, pero también más vulnerables del país.
El peso de una advertencia externa
Cuando una potencia como Estados Unidos emite una circular de seguridad, el impacto es inmediato: las aseguradoras elevan costos, los turistas cancelan planes y la reputación del país sufre un revés. La aclaración de la Aerocivil no es un trámite menor; es un esfuerzo por delimitar el riesgo y evitar que el pánico paralice la conectividad de departamentos como Chocó, Valle, Cauca y Nariño, que dependen del aire para romper su histórico aislamiento.
Geografía del riesgo vs. Realidad operativa
La precisión geográfica que ofrece la Aerocivil es vital. Al aclarar que las operaciones comerciales mantienen sus estándares y que los corredores aéreos están protegidos, se busca blindar la economía local. Sin embargo, no podemos ignorar el trasfondo: las alertas no nacen del vacío. Son el reflejo de una dinámica de orden público en el litoral que el Estado colombiano lucha por controlar.
Punto clave: La seguridad aérea no se trata solo de radares y motores; en el Pacífico, está intrínsecamente ligada al control territorial en tierra.
Hacia una comunicación de confianza
Para que el Pacífico colombiano despegue de forma definitiva, se requiere más que aclaraciones reactivas. Es necesario:
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Transparencia proactiva: Que la Aerocivil y el Ministerio de Defensa mantengan un canal constante de actualización que no dependa de alertas extranjeras.
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Inversión en infraestructura: Reforzar la vigilancia técnica en los aeropuertos regionales.
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Diplomacia técnica: Alinear los criterios de evaluación de riesgo con organismos internacionales para evitar mensajes contradictorios.
En conclusión, la soberanía de un país también se ejerce a través de la certeza informativa. Mientras Colombia no logre proyectar una imagen de control total y seguridad integral en sus cielos occidentales, seguirá dependiendo de las interpretaciones a veces extremas de observadores externos.
El Pacífico merece cielos abiertos, pero, sobre todo, cielos confiables.



































































