El Cauca ha sido, históricamente, un epicentro de resistencias y luchas legítimas. Sin embargo, en la era de la hiperconectividad, el campo de batalla se ha desplazado de las montañas a las pantallas de nuestros celulares. Hoy, el ciudadano caucano no solo debe cuidarse de las estructuras armadas, sino de un enemigo más sutil: la bodega electoral.
Estas “bodegas” no son más que fábricas de lodo digital. Son estructuras organizadas, financiadas con recursos de dudosa procedencia, cuyo único objetivo es envilecer el debate público. No buscan proponer soluciones para la seguridad de Santander de Quilichao, ni estrategias de desarrollo para el Patía; su meta es destruir al adversario mediante la calumnia, el miedo y la noticia falsa.
¿Cómo operan para manipularnos?
Las bodegas electorales utilizan tácticas psicológicas diseñadas para nublar nuestro juicio:
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Cámaras de Eco: Crean perfiles falsos que repiten una mentira hasta que nos parece una verdad compartida por todos.
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Fragmentación Social: Exacerban las tensiones entre lo rural y lo urbano, o entre diferentes etnias, para dividir el voto y generar odio.
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El “Ataque de Pánico”: Lanzan rumores sobre supuestas crisis o alianzas oscuras justo antes de las elecciones, cuando el votante ya no tiene tiempo de verificar la información.
“En un departamento que ha sufrido tanto dolor real, es una bajeza moral que se pretenda ganar el poder mediante el dolor ficticio y la manipulación del miedo.”
El antídoto: La malicia indígena y el rigor ciudadano
Para no equivocarnos en la urna, debemos aplicar lo que muchos llaman la “malicia indígena” en el mejor de los sentidos: la astucia de no creer en todo lo que brilla en una pantalla.
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Dudar por sistema: Si un video o imagen genera una rabia inmediata, deténgase. Esa es precisamente la emoción que la bodega quiere explotar.
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Verificar la fuente: ¿Quién lo dice? ¿Es un medio reconocido o un perfil creado hace un mes con 10 seguidores?
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Exigir propuestas, no insultos: El candidato que necesita una bodega para destruir al otro, suele ser el que no tiene ideas suficientes para construir una región.
El Cauca merece una política a la altura de su dignidad. No permitamos que un algoritmo diseñado en una oficina oscura decida el futuro de nuestras cordilleras y valles. En estas elecciones, que nuestro voto sea un acto de libertad, no el resultado de una manipulación digital. Analice, contraste y, sobre todo, no deje que el ruido de las bodegas silencie su propia conciencia.


































































