La elección de Campo Elías Ramírez Padilla como nuevo alcalde de Girón no es solo un dato estadístico; es un síntoma político claro de un municipio que parece haber optado por la “fórmula conocida” en medio de un panorama administrativo históricamente turbulento. Con un 58,31% de los votos, Ramírez Padilla no solo gana la alcaldía, sino que recibe un mandato contundente para cerrar un periodo (2026-2027) marcado por la interinidad y las decisiones judiciales.
El triunfo de la Coalición Campo Elías Alcalde envía dos mensajes paralelos:
Respaldo a la Continuidad: Al basar su campaña en la “estabilidad administrativa” y el seguimiento de proyectos estratégicos, el electorado gironés demostró que, tras años de nulidades y elecciones atípicas, prefiere el mantenimiento de un modelo de gestión actual que la incertidumbre de un cambio radical.
La Apatía como Tercer Candidato: Aunque la victoria es legítima, la participación del 28,22% es un llamado de atención. Que menos de tres de cada diez ciudadanos habilitados hayan acudido a las urnas refleja un desgaste democrático. Es el cansancio de un pueblo que ha tenido que ir a votar más veces de las que dicta el calendario electoral ordinario.
Los Retos del Nuevo Mandatario
Ramírez Padilla asume un gobierno de “pique corto”. Con poco menos de dos años por delante, su gestión no tendrá espacio para curvas de aprendizaje. Sus prioridades parecen estar claras, pero el reto será ejecutarlas con transparencia:
Legitimidad Institucional: Su principal tarea será devolverle a la Alcaldía de Girón una imagen de solidez que trascienda los pleitos jurídicos que han empañado las administraciones anteriores.
Ejecución Rápida: La ciudadanía espera que la “continuidad” prometida se traduzca en obras terminadas y no en proyectos estancados por la burocracia de la transición.
Conclusión
Girón ha hablado y ha elegido el camino de la preservación del modelo actual. William Mantilla, con un respetable 31,89%, queda como una fuerza de oposición que deberá vigilar que ese “fortalecimiento institucional” prometido por Ramírez no se convierta en un simple estancamiento político.
El nuevo alcalde tiene ahora la oportunidad y la obligación de demostrar que la confianza depositada por 21.366 gironeses es suficiente para sanar las grietas administrativas de un municipio que ya no aguanta más interinidad.



































































