La reciente reestructuración de la cúpula y las direcciones regionales de la Policía Nacional, anunciada tras el encuentro liderado por el general William Oswaldo Rincón, no es un simple movimiento de fichas en el tablero institucional. Es, en esencia, un mensaje político y estratégico sobre el rumbo que tomará la seguridad ciudadana en Colombia durante este nuevo ciclo.
Un equilibrio entre experiencia y nuevas visiones
La designación del mayor general Arnulfo Rosemberg Novoa Piñeros en la subdirección general aporta una cuota de veteranía necesaria para dar estabilidad a una institución que atraviesa constantes escrutinios públicos. Sin embargo, lo más llamativo de esta nueva conformación es el fortalecimiento de áreas sociales y de construcción de paz.
Que la Unidad Nacional Policial para la Edificación de la Paz (UNIPEP) quede en manos de la brigadier general Sandra Patricia Pinzón, y que figuras femeninas como las generales Yurian Romero (DIEPO) y Claudia Blanco (DIBIE) asuman Educación y Bienestar Social, sugiere una apuesta por la profesionalización y el cuidado del recurso humano. Una policía que no cuida a los suyos difícilmente puede cuidar con empatía a la ciudadanía.
El reto de las Metrópolis
El cambio de mando en ciudades críticas como Bogotá (BG. Giovanni Cristancho), Cali (BG. Edwin Masleider Urrego) y Cartagena (BG. Gelver Yesid Peña) llega en un momento de alta sensibilidad por el aumento de la percepción de inseguridad y el crimen organizado.
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Bogotá sigue siendo el “termómetro” del país; el éxito o fracaso del general Cristancho definirá gran parte de la narrativa de seguridad nacional.
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La ruralidad, por su parte, queda bajo el mando del general Carlos Germán Oviedo en la DICAR, una dirección que deberá demostrar que el control territorial puede ir de la mano con el respeto a los derechos humanos en las zonas más apartadas.
¿Cambio de nombres o cambio de doctrina?
La gran pregunta que queda en el aire es si este movimiento de coroneles y generales en departamentos como Huila, Tolima, Meta y La Guajira responde a una estrategia de inteligencia renovada o simplemente a la rotación habitual de la institución.
La llegada de nuevos coroneles a departamentos complejos como Atlántico (Coronel Eddy Sánchez) y La Guajira (Coronel Salomón Bello) es una oportunidad para refrescar las relaciones con las administraciones locales, que a menudo se ven desgastadas por la falta de resultados operativos contra la extorsión y el microtráfico.
Conclusión
La Policía Nacional ha presentado su nuevo rostro. Es una estructura que parece buscar un balance entre la gerencia administrativa y el control territorial. No obstante, los nombres por sí solos no detienen el crimen. La ciudadanía no espera solo nuevos uniformes en los despachos, sino una reducción tangible en las cifras de criminalidad y una recuperación de la confianza en la calle. El general Rincón ha movido sus fichas; ahora le toca a esta nueva cúpula demostrar que el cambio es, efectivamente, para mejor.


































































