En las últimas semanas, las calles de Popayán han sido testigos de un despliegue operativo constante por parte de la Policía Metropolitana. Los denominados “planes de registro y control” se han tomado las comunas de la ciudad, desde el sector histórico hasta las zonas periféricas, con un objetivo claro: desarmar la violencia. Bajo el amparo de la Ley 1801 (Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana), estas acciones buscan retirar de circulación armas de fuego y blancas que, en la mayoría de los casos, son los detonantes de tragedias evitables.
La efectividad de estos controles no debe medirse únicamente por la cantidad de elementos incautados, sino por el mensaje de autoridad y presencia que se proyecta. En una ciudad que ha enfrentado retos complejos de seguridad ciudadana, ver a la institucionalidad activa en el territorio genera una percepción de acompañamiento que el ciudadano de a pie agradece. La incautación de un arma blanca en un parque o de un arma de fuego en un puesto de control es, potencialmente, una vida salvada.
El Desafío de la Convivencia
Sin embargo, el control policial es solo una cara de la moneda. El cumplimiento de la Ley 1801 no trata solo de “quitar armas”, sino de fomentar una cultura donde la resolución de conflictos no pase por la agresión. Popayán requiere que estos operativos vayan de la mano con:
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Prevención Social: Intervención en sectores vulnerables donde el arma se ve como una herramienta de estatus o defensa.
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Celeridad Judicial: Que el esfuerzo policial no termine en una simple amonestación, sino que tenga un respaldo sólido en la justicia.
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Corresponsabilidad: La seguridad no es un producto que la Policía entrega, es una construcción colectiva donde la denuncia ciudadana es el motor principal.
El Compromiso Institucional
Es loable el compromiso de los uniformados que, noche tras noche, ejecutan estos registros en puntos críticos de la ciudad. Su labor reafirma que la seguridad es una prioridad y que el espacio público pertenece a la familia y al trabajador, no a la delincuencia.
No obstante, para que estos planes de control tengan un impacto a largo plazo, deben ser sostenibles y aleatorios. La delincuencia se adapta rápido a las rutinas; por ello, la inteligencia policial y la analítica de datos deben guiar cada requisa, asegurando que el control sea efectivo y respetuoso de los derechos ciudadanos.
En conclusión, los planes de registro y control en las comunas de Popayán son una herramienta necesaria e indispensable. Pero para que Popayán sea realmente segura, el control debe ser el escudo, mientras que la inversión social y la educación ciudadana deben ser la base que sostenga la convivencia en la Ciudad Blanca.


































































