El reciente reporte de la Secretaria de Gobierno del Cauca, Maribel Perafán, sobre los eventos en el corregimiento de El Plateado (Argelia), no es solo un balance de cifras trágicas once heridos y una vida segada; es el síntoma de una herida que no termina de cerrar en el suroccidente colombiano.
Desde la implementación de la “Operación Perseo”, el territorio ha experimentado una escalada de tensiones que pone de manifiesto una realidad incómoda: el control institucional no se logra solo con botas sobre el terreno, sino con la garantía real de los derechos humanos y el Derecho Internacional Humanitario.
El Costo Humano del Conflicto
Resulta alarmante que, en medio de las estrategias de seguridad, la población civil siga llevando la peor parte. La mención de una menor de edad herida, trasladada de urgencia a Popayán, debe ser un llamado de atención a la conciencia nacional. ¿Hasta cuándo los niños de Argelia seguirán creciendo bajo el estruendo de los enfrentamientos y la incertidumbre de la violencia?
Un Llamado a la Justicia, no solo al Orden
La solicitud de la Gobernación a la Fiscalía General de la Nación para esclarecer los hechos es un paso necesario, pero no suficiente. La justicia en el Cauca suele ser lenta, y los procesos investigativos a menudo se pierden en los anaqueles del olvido. Para que la confianza de la comunidad se restablezca, se requieren resultados rápidos y transparentes que determinen responsabilidades claras.
Conclusión
Salvaguardar la vida, como afirma Perafán, debe ser la prioridad absoluta. Sin embargo, la seguridad no puede ser un concepto meramente militar. El Plateado necesita una presencia del Estado que trascienda el uniforme; necesita inversión social, educación y la certeza de que su gente no es un daño colateral en una guerra que parece no tener fin.
La paz en el Cauca no llegará solo con “actos urgentes”, sino con la voluntad política de transformar un territorio que lleva décadas pidiendo auxilio.


































































