Dicen que *las piedras del Parque Caldas tienen oídos*, pero sobre todo, tienen memoria. Y lo que hoy se comenta entre tinto y tinto no es otra cosa que la indignación frente a la táctica de *“tirar la piedra y esconder la mano”*, una especialidad que parecen haber perfeccionado el exsenador *José Darío Salazar* y su círculo cercano.
Es curioso cómo la amnesia política ataca en época electoral. *Se les olvida, convenientemente, que el Directorio Conservador local ya les puso el oj*o encima por esa *doble militancia* del pasado. En aquel entonces, prefirieron los afectos de *Juan Carlos Muñoz que la lealtad a una candidata de su propia casa, como lo fue Diana Fuentes. Hoy*, el libreto se repite, pero con un matiz más oscuro: no hay candidato propio, sino fichas acomodadas para el trueque burocrático de cargos locales y nacionales.
*El silencio de Bogotá y el “Beso de Judas”*
La indignación no solo se queda en el Cauca. Los dedos apuntan hacia la capital, específicamente hacia* Efraín Cepeda*. Se dice en los corrillos que las solicitudes de sanción contra estos personajes durmieron el “sueño de los justos” en algún rincón del olvido, gracias a la complicidad nacional.
Resulta irónico, por no decir vergonzoso, que se pretenda entregar las llaves de la sede conservadora, *un recinto sagrado para la colectividad*, a quienes ven en cada militante un signo de pesos. La base conservadora, esa que se moja la camisa, no puede aceptar que se le pida *”agua bendita” para bendecir a quienes solo aparecen para cotizar sus votos al mejor postor*.
*Miller Hermosa: El aval que nunca llegó*
*La base clama por coherencia*. La alcahuetería de Cepeda ignora el grito del directorio departamental que pedía libertad. ¿Por qué? Porque existen líderes de verdad que hoy se ven obligados a buscar otros rumbos ante la falta de un camino claro. El nombre de *Miller Hermosa* resuena en las bancas del parque como el del *“auténtico conservador”* que el caucanismo habría apoyado con gusto, *pero cuyo aval fue sacrificado en el altar de los acuerdos bajo la mesa*.
*Una fuerza de decisión, no de acomodo*
*El conservatismo caucano debe dejar de ser visto como el rebaño que el exsenador Salazar y Efraín Cepeda arrean a su antojo*. El Cauca no es una moneda de cambio, ni sus simpatizantes son mercancía en exhibición.
*Es hora de que la militancia despierte y entienda que la política de principios no se negocia en un escritorio bogotano*, sino que se defiende en las urnas. Si permitimos que el *“amangualamiento”* siga dictando nuestro destino, terminaremos siendo, no una fuerza que decide el futuro de la región, sino simplemente la fuerza que le asegura el puesto a los mismos de siempre.
*Los Corrillos del Parque Caldas todo lo sabe y todo lo ve*. Y esta vez, el veredicto de la calle es claro: el conservatismo no se vende, aunque algunos ya le tengan puesto el precio.
*Columnista Invitado: Voz de los Corrillos del Parque Caldas*
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