Colombia acaba de dar un paso jurídico que, para muchos, era una deuda pendiente con la realidad emocional del siglo XXI. La sentencia SL2375-2025 de la Corte Suprema de Justicia no es solo un tecnicismo legal sobre laudos arbitrales; es el reconocimiento oficial de que el concepto de “familia” ha mutado y que el bienestar del trabajador no termina donde termina su piel, sino que se extiende a sus vínculos afectivos más profundos.
Un puente entre la productividad y la empatía
Durante décadas, el derecho laboral se estructuró bajo una lógica puramente mecánica: el trabajador es una pieza que debe producir. Si se moría un familiar, había licencia; si se moría un perro o un gato, se esperaba que el empleado se “tragara” el llanto y cumpliera su jornada. Sin embargo, en un país donde los hogares con mascotas han crecido exponencialmente, ignorar el impacto psicológico de esta pérdida era una forma de ceguera corporativa.
La Corte ha sido salomónica. Al avalar este beneficio extralegal, no está imponiendo una carga arbitraria a todas las empresas, sino que está validando la autonomía de la negociación. Lo que nos dice el alto tribunal es sencillo: si una empresa y sus empleados acuerdan que el duelo por un animal doméstico merece un día de pausa, la ley no tiene por qué ser un obstáculo.
Los límites de la “Equidad”
Es rescatable que la Corte haya puesto puntos sobre las íes en cuanto a qué cuenta como mascota. Al excluir fauna silvestre o especies prohibidas, se evita que un beneficio humanitario se convierta en un incentivo para el tráfico de animales. Además, el requisito de registro previo y la limitación a un solo día (frente a los tres que pedía el sindicato) demuestra un equilibrio necesario: se reconoce el duelo, pero se protege la operatividad de la empresa.
¿Un beneficio para todos?
Aquí es donde debemos ser realistas. Esta licencia no es ley de la República para todo ciudadano. Es, por ahora, un triunfo de la negociación colectiva. Sin embargo, sienta un precedente poderoso. Las empresas que hoy buscan retener talento joven —la generación que ha decidido postergar la paternidad humana por la tenencia responsable de mascotas— verán en este “beneficio extralegal” una herramienta competitiva de bienestar laboral.
Conclusión
El fallo de la Corte Suprema no humaniza a los animales; humaniza a las empresas. Reconocer que un trabajador necesita 24 horas para procesar la partida de un compañero de vida de diez o quince años es entender que un empleado emocionalmente sano es, a largo plazo, más eficiente que uno que asiste al trabajo con el corazón roto y la mente en casa.
Hoy, el derecho laboral en Colombia es un poco más compasivo. Y eso, en un mundo tan rígido, es una noticia que vale la pena celebrar.


































































