Históricamente, las listas al Congreso han tratado el nombre de las mujeres como un ejercicio de aritmética electoral: un espacio que se llena para cumplir la ley, un adorno para la foto de campaña. Sin embargo, quienes caminamos las calles del Cauca sabemos que la realidad es otra. La mujer caucana no es un “relleno”; es la columna vertebral de una región que resiste, sueña y transforma.
El liderazgo del cuidado hecho política
Votar por una mujer no es un acto de cortesía, es un acto de justicia y estrategia social. Las mujeres que hoy aspiran a llegar al Legislativo son las mismas que han sacado adelante a sus familias en medio de las dificultades más agudas. Ese instinto de protección, esa capacidad de administrar la escasez y convertirla en abundancia, es precisamente lo que necesita la creación de leyes en Colombia.
Cuando una mujer legisla, no solo piensa en cifras macroeconómicas; piensa en la seguridad alimentaria, en la educación de los hijos del campo y en la protección de los derechos de quienes han sido invisibilizados. El sueño de entregar el alma por leyes que beneficien al Cauca nace de una comprensión profunda de las necesidades del hogar, trasladadas a la esfera pública.
Memoria y gratitud: El origen
A menudo olvidamos lo elemental: cada ciudadano, cada líder y cada opositor viene del vientre de una mujer. Esa conexión biológica y emocional debería ser el primer recordatorio de que la capacidad de dar vida es también la capacidad de dar orden, progreso y sensibilidad a una nación.
El Cauca tiene una deuda histórica con sus lideresas. Ya no basta con que se les permita participar; es momento de que se les permita decidir. Una mujer en el Congreso no es una cifra en una lista, es la voz de miles de familias caucanas que hoy reclaman ser escuchadas desde la empatía y la firmeza.
Un voto por la transformación
Hoy, más que nunca, el voto por la mujer debe ser consciente y decidido. No por cumplir una tendencia, sino por reconocer que ellas traen consigo una forma de hacer política menos centrada en el ego y más enfocada en el servicio.
Si queremos leyes que realmente toquen el corazón del Cauca, debemos confiar en quienes han demostrado, durante siglos, que saben cuidar, luchar y vencer contra todo pronóstico. La política caucana se escribe con nombre de mujer, y es hora de que las urnas lo ratifiquen.


































































