El calendario electoral colombiano ha marcado un hito este 4 de febrero: la formalización de la Gran Consulta por Colombia. Con nueve nombres sobre la mesa, la centroderecha y sectores del centro buscan desesperadamente lo que en 2022 les fue esquivo: un bloque sólido capaz de hacer frente al proyecto de continuidad del Pacto Histórico, hoy encarnado por figuras como Iván Cepeda.}
La lista de inscritos es un “quién es quién” de la política tradicional y los nuevos liderazgos de opinión: desde la tecnocracia de Mauricio Cárdenas y la veteranía urbana de Enrique Peñalosa, hasta el fenómeno mediático de Vicky Dávila y la disciplina de partido de Paloma Valencia. A primera vista, la coalición parece un frente unido bajo las banderas de la seguridad, el empleo y la lucha contra la corrupción. Sin embargo, detrás de la foto oficial en la Registraduría, los desafíos son monumentales.
- El reto de la cohesión
¿Cómo convivirán en un mismo tarjetón visiones tan distintas sobre el rol del Estado? Mientras Juan Daniel Oviedo apuesta por una política basada en datos y pragmatismo local, figuras como Juan Manuel Galán o David Luna intentan rescatar un centro liberal que no se deje absorber por el discurso más radical de la derecha. El peligro de estas consultas masivas es que, en el afán de diferenciarse para ganar votos el 8 de marzo, los precandidatos terminen fracturando la misma unión que prometen defender.
- El factor “Outsider” vs. Maquinarias
La inclusión de Vicky Dávila agita el tablero. Su entrada formal a la arena política mide qué tanto pesa hoy el micrófono frente a la gestión pública de exgobernadores como Aníbal Gaviria o exministros como Juan Carlos Pinzón. Si la ciudadanía premia el discurso de confrontación directa, los perfiles más técnicos podrían quedar relegados, dejando una coalición ganadora pero quizás demasiado polarizada para atraer al votante indeciso en una segunda vuelta.
- La sombra de las encuestas
A hoy, los sondeos muestran un escenario fragmentado donde ningún candidato de este bloque supera individualmente los dos dígitos de manera contundente. La Gran Consulta no es solo un mecanismo democrático; es una estrategia de supervivencia. La meta no es solo sacar un ganador, sino sumar los votos de los ocho derrotados para crear una masa crítica que asegure el paso a la segunda vuelta.
“Esta no es una elección sobre quién tiene el mejor programa de gobierno, sino sobre quién logra convencer al país de que es el único capaz de evitar cuatro años más de la izquierda en el poder.”
El 8 de marzo será el verdadero examen. No basta con llenar formularios en la Registraduría; el éxito de esta alianza dependerá de si logran transformar esa “unión de expertos” en una emoción que movilice a las calles. Si la consulta se percibe como una repartición de cuotas o un club de egos, el camino a la Casa de Nariño se les hará cuesta arriba. Colombia pidió unión, sí, pero también renovación. Veremos si estos nueve nombres son capaces de ofrecer ambas.


































































