La política colombiana atraviesa un momento de oscuridad institucional donde la ética pública parece haber sido canjeada por chequeras oficiales. Bajo el amparo del gobierno de Gustavo Petro, figuras de la izquierda radical, como el senador Iván Cepeda, se perfilan hoy no solo como líderes ideológicos, sino como los nuevos beneficiarios de una maquinaria financiera estatal que parece diseñada para perpetuar el poder a cualquier costo.
El Negocio de la “Democracia”
Resulta alarmante la denuncia sobre el manejo de recursos destinados a campañas electorales. Mientras el ciudadano de a pie lidia con la inflación y la incertidumbre, el engranaje del Consejo Nacional Electoral (CNE) y el Pacto Histórico habrían articulado un sistema que, según voces críticas como la de Katherine Miranda, permite la filtración de sumas astronómicas ,cercanas a los 40.000 millones de pesos, hacia las arcas de sectores específicos.
El cambio de reglas a mitad de camino para favorecer consultas como el ‘Movimiento de Frente por la Vida’ no es una muestra de pluralismo, sino una maniobra de supervivencia financiera. Es la institucionalización de la “tajada”, donde el erario se convierte en el combustible de una campaña presidencial anticipada.
Entre la Paz Total y el Lucro Particular
La narrativa de la “Paz Total” está perdiendo su máscara de humanismo para revelar un rostro más pragmático y oscuro. Las acusaciones sobre el ingreso de capitales provenientes de economías ilícitas en campañas pasadas, sumadas a la creación de burocracias sobredimensionadas, sugieren que el Estado colombiano está siendo asaltado desde adentro.
No es coincidencia que los modelos sigan los pasos de regímenes vecinos. La mención de paraísos fiscales y la protección de figuras cuestionadas bajo asilos políticos en dictaduras como la de Nicaragua, pintan un panorama de una “cofradía ideológica” que prioriza la riqueza de sus líderes sobre el bienestar de sus gobernados.
El Despertar de una Nación en Confusión
A menos de dos años de que finalice el mandato actual, Colombia se encuentra en un laberinto. Los “protozoarios” de la política, como se describe a aquellos que consumen los recursos públicos sin devolver progreso, han generado un ambiente de anarquía y confusión.
La paz con el ELN y el Clan del Golfo sigue siendo un espejismo, pero la acumulación de capital en manos de quienes juraron combatir las élites es una realidad tangible. Si la justicia y los organismos de control no actúan frente al manejo de estos 40.000 millones de pesos y la transparencia de las próximas elecciones, el país corre el riesgo de consolidar un modelo donde el carné del partido es el único requisito para la opulencia.
Es hora de que las cuentas sean claras. El país no puede permitirse que su democracia sea el botín de quienes, en nombre del pueblo, terminan viviendo como sus antiguos opresores.


































































