Históricamente, la figura del testigo electoral ha sido el “ojo” de los partidos en la mesa de votación; sin embargo, ese ojo a menudo sufría de miopía logística. Procesos de acreditación manuales, carnés que no llegaban a tiempo y una trazabilidad casi nula hacían que la vigilancia electoral fuera, en el mejor de los casos, un esfuerzo heroico y, en el peor, un foco de desconfianza. Hoy, de cara a las elecciones de 2026, Cundinamarca se sitúa en el centro de una transformación necesaria con la implementación de la Plataforma Única de Postulación y Acreditación de Actores Electorales.
Esta herramienta, impulsada por el Consejo Nacional Electoral (CNE), no es simplemente un trámite digital más; es un blindaje a la legitimidad. Al centralizar la postulación de testigos, observadores y auditores de sistemas para las 6.720 mesas del departamento, se elimina la opacidad y el desorden administrativo que solía alimentar narrativas de fraude.
Los Pilares de la Confianza
La efectividad de esta plataforma descansa en tres puntos fundamentales:
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Seguridad y Autenticidad: El uso de códigos QR personales e intransferibles vinculados a actos administrativos digitales asegura que quien vigila la mesa es exactamente quien dice ser.
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Seguimiento en Tiempo Real: Como bien se ha señalado en las jornadas de socialización, las agrupaciones políticas podrán verificar la presencia y actuación de sus testigos casi al instante, permitiendo una reacción rápida ante cualquier irregularidad.
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Inclusión Territorial: La llegada de esta tecnología a los 116 municipios de Cundinamarca, incluyendo las zonas rurales más apartadas, democratiza la capacidad de vigilancia. Ya no es un privilegio de las campañas con grandes sedes en Bogotá.
“La tecnología no reemplaza a las instituciones, pero las fortalece.” Esta premisa cobra vida cuando vemos que el CNE no solo entrega una clave de acceso, sino que despliega capacitaciones presenciales para cerrar la brecha digital en el campo cundinamarqués.
El Desafío de la Pedagogía
El éxito de esta plataforma no dependerá únicamente de sus algoritmos, sino de la apropiación que hagan de ella los partidos y la ciudadanía. Cundinamarca, por su peso electoral y complejidad geográfica, es el laboratorio perfecto. Si logramos que cada uno de los testigos en municipios como Yacopí o Paratebueno porte su credencial digital con la misma confianza que un votante en la capital, habremos dado un paso gigante hacia una democracia más madura.
La legitimidad de un gobierno no nace solo del conteo de votos, sino de la certeza absoluta de que ese conteo fue vigilado bajo reglas claras y herramientas modernas. En 2026, la transparencia en Cundinamarca ya tiene un nombre: Plataforma Única.


































































