En el Cauca, el dolor no es solo una sensación física que se trata en un consultorio; es una condición crónica que afecta el tejido social, la economía y la esperanza de su gente. Durante casi una década, el fisioterapeuta Camilo Astaiza se ha dedicado a mitigar ese sufrimiento desde la ciencia y la empatía, consolidándose como un referente en el manejo integral del dolor en el suroccidente colombiano. Sin embargo, hoy su vocación da un salto necesario: de la camilla al Congreso, bajo la premisa de que al Cauca hay que curarlo desde la raíz.
Astaiza no es el político de cuna de oro ni el heredero de castas electorales. Es el hijo de una madre cabeza de familia de un barrio de clase media-baja de Popayán, un joven que entendió que la disciplina y la honestidad son los únicos activos reales para quien decide emprender en un departamento donde las oportunidades suelen ser esquivas. Su trayectoria como fundador de un consultorio que genera empleo formal es, en sí misma, un acto de resistencia y fe en nuestra región.
La entrada de Camilo a la contienda electoral con el Nuevo Liberalismo (101) no es un cambio de oficio, sino una extensión de su propósito de vida. Su diagnóstico es claro: el departamento sufre de una “desigualdad territorial” y de “barreras de acceso” que no se curan con paños de agua tibia. Se curan con representación real.
“Me duele el Cauca y mi trabajo es curar el dolor de todas las personas que me necesitan”, afirma con la convicción de quien ha escuchado a miles de pacientes relatar no solo sus dolencias físicas, sino las penurias de un sistema que los olvida.
Lo que hace refrescante la propuesta de Astaiza es su autenticidad. Mientras otros visitan las veredas y municipios cada cuatro años para recolectar votos, él ha vivido el territorio desde la atención diaria a sus cuidadores y pacientes. Representa a esa generación de profesionales que no ve la política como un negocio, sino como el espacio sagrado para la gestión del bienestar común.
El reto es inmenso, pero el mensaje es potente: “Vamos a quitarle el dolor al Cauca”. No es solo un eslogan de campaña; es el compromiso de un hombre que sabe que, para que un cuerpo sane, todos sus órganos deben funcionar en armonía. Si Camilo logra trasladar su éxito clínico y empresarial a la cámara legislativa, el suroccidente colombiano podría, finalmente, empezar a sanar sus heridas más profundas.
Es momento de apostarle a voces nuevas, preparadas y, sobre todo, humanas. Porque cuando alguien sabe lo que es aliviar el dolor ajeno, difícilmente le dará la espalda a las necesidades de su pueblo.


































































