La noticia corre más rápido que las soluciones: en menos de un día, el Cauca vuelve a ser el escenario de la ignominia. El secuestro del alcalde de Morales, apenas horas después del hostigamiento contra la senadora Aída Quilcué, no es una coincidencia, sino un mensaje de control territorial por parte de los grupos armados que operan en la zona.
La Fragilidad de la Seguridad Convencional
Muchos se preguntan: ¿Dónde están el Ejército y la Policía? La realidad es que el Cauca se ha convertido en un mapa de “puntos ciegos”. La geografía accidentada, sumada a una inteligencia militar que parece ir un paso atrás de la movilidad guerrillera, ha dejado vacíos que los grupos ilegales llenan con violencia.
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Puntos ciegos: No son solo fallas geográficas; son fallas de presencia estatal permanente.
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Capacidad de reacción: Mientras la fuerza pública se rige por protocolos institucionales que a veces tardan en activarse, los grupos armados operan con una autonomía criminal letal.
La Guardia Indígena: Los Héroes de la Resistencia
Es aquí donde surge la figura de la Guardia Indígena (Kiwe Thegz) como el verdadero escudo de la comunidad. Lo ocurrido con la senadora Quilcué es prueba de ello: mientras las armas del estado se sienten distantes, los bastones de mando y la organización comunitaria se interpusieron para salvaguardar su vida.
“La Guardia Indígena no solo defiende la tierra; hoy por hoy, es la única red de protección efectiva en corredores donde el Estado parece haber claudicado.”
La Necesaria (y Forzada) Alianza
Resulta irónico, pero revelador, que el Ejército y la Policía ahora confirmen que el trabajo conjunto con las autoridades indígenas es la vía para fortalecer la seguridad. Esto es un reconocimiento táctico: sin el conocimiento del territorio y la red de alerta temprana de los pueblos originarios, la fuerza pública está ciega. Sin embargo, esta colaboración no debe ser una excusa para que el Estado delegue su responsabilidad constitucional. No se puede esperar que civiles con bastones de madera hagan el trabajo de inteligencia y contención que corresponde a las instituciones con armas y presupuesto.
Conclusión: ¿Hacia dónde vamos?
El Cauca necesita más que comunicados de prensa lamentando los hechos. Requiere una presencia estatal integral que no solo envíe botas, sino que garantice autonomía, respeto a la jurisdicción indígena y una ofensiva real contra las economías ilícitas que financian el secuestro.
Si la Guardia Indígena es hoy el “héroe” de la jornada, es porque el sistema de seguridad tradicional está fallando en su promesa básica: proteger la vida de todos los ciudadanos, sin importar qué tan remoto sea el rincón donde se encuentren.


































































