El reciente encuentro en Santander de Quilichao no fue simplemente un acto de campaña; fue un síntoma claro de que el termómetro político del Cauca está cambiando de frecuencia. Bajo el liderazgo de Arnulfo Mostacilla, la juventud ha dejado de ser un espectador en las vallas publicitarias para convertirse en el motor principal de una propuesta que huele a renovación y esperanza.
1. Más allá del discurso: Participación Real
Lo vivido con los grupos juveniles trasciende la retórica habitual. En un departamento donde las oportunidades suelen ser esquivas, hablar de educación y participación de tú a tú con las nuevas generaciones es un ejercicio de realismo político. La inclusión, más que un eslogan de #101FuerzaCauca, se presentó como el pilar que sostiene un proyecto que busca cerrar las brechas históricas del territorio.
2. El fenómeno de la “Euforia Colectiva”
La masiva asistencia en Santander de Quilichao refleja algo que las encuestas a veces no logran captar: el entusiasmo. La política se siente en las calles, y cuando los jóvenes se apropian de un discurso, el mensaje se multiplica. La fuerza de la unión mencionada por Mostacilla no es solo aritmética electoral; es la consolidación de un tejido social que cree, finalmente, en una alternativa posible.
3. Un compromiso con el territorio
La “esperanza que crece” tiene rostro de estudiante, de emprendedor y de líder comunitario. El reto ahora es transformar esos flashes de euforia en políticas públicas concretas que garanticen que ese entusiasmo no se apague después de las urnas.
“La fuerza de la juventud no es el futuro del Cauca, es el presente que está exigiendo ser escuchado hoy mismo.”
Conclusión: El proyecto de Arnulfo Mostacilla ha logrado tocar una fibra sensible en el norte del Cauca. Si la política es el arte de convocar, lo sucedido en Santander de Quilichao es una prueba de que el Cauca está listo para una nueva etapa, impulsada por la energía de quienes no tienen miedo al cambio.


































































