La historia se repite con la precisión de un reloj descompuesto. Cada vez que el sistema de gestión de residuos en el Cauca colapsa, los platos rotos , y las bolsas de basura, se quedan en las puertas de los payaneses. La reciente crisis pone de manifiesto una verdad incómoda: en el negocio de la basura, la rentabilidad tiene nombre propio (Urbaser), pero la crisis es de todos.
El negocio redondo de la ineficiencia
Bajo el modelo actual, vivimos en una paradoja financiera y social. Cuando el servicio fluye, las utilidades se giran puntualmente a las cuentas de la operadora privada. Sin embargo, cuando surge un bloqueo, un fallo técnico o una emergencia sanitaria, la empresa se ampara en la “fuerza mayor”, mientras el municipio debe desplegar recursos públicos, planes de contingencia y personal humano para evitar una catástrofe epidemiológica.
¿Por qué el riesgo nunca lo asume el privado?
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Privatización de la ganancia: Los pagos de los usuarios son constantes y obligatorios.
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Socialización de la pérdida: Los costos ambientales, de salud pública y de orden social los absorbe la ciudadanía y la administración local.
Un contrato que asfixia
El problema de fondo es la dependencia de un solo actor y de un relleno sanitario (Los Picachos) que se ha convertido en el talón de Aquiles de la región. Popayán no solo gestiona sus desechos, sino que recibe los de gran parte del departamento, convirtiéndose en el receptor de una presión ambiental que no se compensa con la calidad del servicio.
Mientras Urbaser argumenta limitaciones logísticas, la gente sufre los olores, las plagas y el deterioro del espacio público. Es una relación abusiva donde el usuario es un cliente cautivo que no tiene a dónde ir si el servicio falla.
Hacia un nuevo modelo
No basta con que el municipio “responda”; es necesario renegociar las reglas del juego. Un servicio público esencial no puede ser gestionado bajo una lógica donde la empresa siempre gana y la ciudad siempre pierde. Necesitamos:
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Auditorías severas y sanciones reales que duelan en el balance financiero de la operadora.
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Alternativas de disposición que rompan el monopolio de Los Picachos.
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Justicia tarifaria que refleje los periodos donde el servicio simplemente no se presta.
Ya no se trata solo de recoger bolsas; se trata de dignidad urbana. Popayán no puede seguir siendo el patio trasero de un negocio que florece mientras la ciudad huele a olvido. #NoMas abusos bajo el disfraz de “servicio técnico”.


































































