El próximo 8 de marzo no es solo una fecha más en el calendario electoral de Colombia; para el Cauca, representa una encrucijada estratégica. La consigna es clara y directa: “Caucano vota caucano”. En un sistema político centralista, donde las decisiones que afectan al Macizo Colombiano o a la Costa Pacífica se toman a menudo en fríos escritorios bogotanos, la presencia de una voz propia en el Senado deja de ser una opción para convertirse en una necesidad de primer orden.
La apuesta por la identidad territorial
La candidatura de Ferney Silva Idrobo al Senado, enmarcada en las listas del Pacto Histórico, se presenta como esa alternativa que busca romper con la política de los privilegios. El argumento central es poderoso: nadie legisla mejor sobre una tierra que quien ha caminado sus luchas y entiende sus heridas. Votar por una representación local es asegurar que los problemas de orden público, la tenencia de la tierra y el desarrollo rural del Cauca tengan un doliente con voto y voz en la cámara alta.
El pragmatismo del “Único Senador”
Existe un punto de realidad política que no se puede ignorar: la posibilidad de que el Cauca se quede sin representación directa en el Senado. Ante este escenario, el llamado a la unidad regional cobra un matiz pragmático. Más allá de los debates sobre “bueno o malo”, la reflexión que se plantea es sobre la efectividad política. Un departamento con las complejidades del Cauca no puede permitirse el lujo de ser un espectador ausente en el Congreso. Tener un senador propio, independientemente de los matices, es mantener un canal abierto con el poder central.
El voto progresista como motor de cambio
El respaldo al Pacto Histórico en esta región no es gratuito; responde a un proyecto político que propone poner al Cauca en el centro de la agenda nacional. La invitación a votar con conciencia y dignidad busca movilizar a un electorado que anhela transformaciones de fondo. El desafío para Silva Idrobo y las listas a la Cámara será demostrar que ese poder, una vez alcanzado, será efectivamente un instrumento al servicio del pueblo y no de las estructuras tradicionales.
Conclusión
Este 8 de marzo, el pueblo caucano tiene en sus manos la oportunidad de validar un proyecto de región. La decisión en las urnas determinará si el departamento sigue delegando su destino en figuras nacionales o si, por el contrario, apuesta por consolidar una bancada propia que defienda el territorio desde su propia entraña. Al final, el voto por el Cauca es un voto por la dignidad de su propia gente.


































































