En el complejo ajedrez de la política caucana, donde las piezas suelen estar desgastadas por los vicios del pasado y el fragor de una “jauría de lobos” que parece no dar tregua, surge una figura que rompe el molde. No es una política de oficio, sino una mujer de empresa, una payanesa auténtica y, ante todo, un ser humano con una resiliencia inquebrantable que ha decidido dar un paso al frente bajo las banderas de Salvación Nacional.
Su ingreso a la escena pública no es producto del azar ni de la ambición personal. Es el resultado de una genuina preocupación por el acontecer nacional, ese que retumba con fuerza en las montañas y valles del Cauca. Ella entiende, mejor que muchos, que lo que sucede en la capital afecta directamente la seguridad, el comercio y la paz de nuestro departamento. Por ello, más que buscar un cargo, busca hacer escuela: sembrar una semilla de ética y trabajo que, si bien se cultiva hoy, está destinada a florecer con fuerza en las próximas elecciones locales.
De la Marca al Servicio Público
Lo que hace diferente a esta mujer es su origen. Su nombre no es solo un apelativo; es una marca de trabajo. Proviene del sector productivo, de ese mundo donde los resultados se miden con esfuerzo y donde la palabra empeñada tiene valor. Esa misma disciplina es la que hoy ofrece al Cauca, demostrando que la política no tiene por qué ser un terreno exclusivo para los mismos de siempre, sino un espacio para la gestión eficiente y transparente.
Resiliencia ante la Adversidad
Caminar por los 42 municipios del Cauca no es tarea fácil, y menos cuando se hace con la frente en alto y sin las mañas del clientelismo. Sin embargo, es precisamente esa gallardía la que está despertando el interés de los amigos en cada rincón del departamento. Desde la costa pacífica hasta el macizo colombiano, ven en ella un esfuerzo de resiliencia que inspira. Es la voz de la renovación electoral que tanto hemos esperado.
Un llamado a la Payanidad y al Cauca Profundo
El éxito de este proyecto depende del ciudadano decidido. De ese payanés que está cansado de ver cómo el departamento se estanca y que anhela figuras que aporten, aunque sea un “granito de arena”, con la honestidad de quien no debe favores a las maquinarias tradicionales.
Ella es, en esencia, una mujer que no teme a los lobos porque conoce su propia fuerza. Su participación es un soplo de aire fresco, una invitación a creer que la política puede volver a ser un ejercicio de servicio y no un botín de guerra. El Cauca tiene hoy una oportunidad de renovación; ojalá sepamos valorarla.


































































