La reciente declaración del Procurador General, Gregorio Eljach Pacheco, desde la Universidad de Cartagena, no es solo un llamado administrativo; es un síntoma de la ansiedad democrática que vive el país. Al afirmar que “las elecciones tienen que ser nítidas y no puede haber ninguna duda”, el jefe del Ministerio Público pone el dedo en la llaga de una herida que Colombia aún no logra cerrar: la desconfianza sistémica en el proceso electoral.
La Academia como Garante
Es notable que el llamado se realice en el claustro universitario. Históricamente, la academia ha sido el termómetro de la transparencia. Al invitar a la Universidad de Cartagena a sumarse a la estrategia “Paz Electoral”, la Procuraduría busca algo más que testigos; busca validación técnica y moral.
En un entorno donde la desinformación vuela más rápido que las propuestas, que estudiantes y docentes se involucren en la vigilancia del voto es un paso necesario para pasar de la “democracia del clic” a la democracia de la vigilancia activa.
¿Qué significa una elección “nítida”?
Para que una elección sea verdaderamente transparente, se requieren tres pilares fundamentales:
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Seguridad en el territorio: Que el ciudadano pueda votar sin el fusil en la nuca.
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Transparencia tecnológica: Que el software de conteo sea un libro abierto y no una caja negra.
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Aceptación de resultados: El punto más crítico. La “Paz Electoral” solo existe si el perdedor reconoce su derrota sin incendiar las instituciones.
El Reto de Eljach
El papel del Procurador será el de un árbitro en un partido de alta tensión. No basta con invitar a la paz; la Procuraduría debe garantizar que la maquinaria estatal no se incline a favor de ningún bando. La nitidez de la que habla Pacheco es una promesa ambiciosa: en política, la duda suele ser la herramienta favorita de quienes no resultan favorecidos.
Si la estrategia “Paz Electoral” logra permear en las regiones y las universidades, quizás el 2026 sea el año en que las urnas dejen de ser un campo de batalla para convertirse en lo que siempre debieron ser: el espejo de la voluntad popular.
Reflexión final: La transparencia no es un acto de fe, es el resultado de una vigilancia implacable. La invitación está hecha, ahora falta ver si la ciudadanía recoge el guante.


































































