El fallecimiento de Cecilia Quintero en una sala de espera en Cúcuta no es un “incidente lamentable”, como sugieren los comunicados corporativos; es el síntoma terminal de un sistema que ha intercambiado la dignidad humana por trámites burocráticos y excusas presupuestales.
Que una mujer de 70 años colapse mientras denunciaba meses de negligencia, no solo hacia ella, sino hacia su hijo con discapacidad y su esposo, es una radiografía de la crueldad. Cecilia no murió “de causas naturales” en el sentido estricto; murió bajo el peso de un sistema que la obligó a mendigar lo que por ley le correspondía.
El laberinto de la indolencia
La tragedia de Cecilia se suma a la de Kevin Acosta en el Huila, dibujando un mapa de desatención que parece no tener dolientes en las altas esferas. Mientras el Ministerio de Salud asegura que los giros están al día y las EPS se escudan en procesos administrativos, la realidad en las droguerías es otra:
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Medicamentos vitales represados: Eritropoyetina, anticoagulantes y tratamientos para la hemofilia que no llegan.
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Impacto familiar: El caso de Cecilia es particularmente desgarrador porque ella era el soporte de un hogar con discapacidad. Su lucha era por la supervivencia colectiva.
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La “tramititis” mortal: Las esperas de siete meses por insumos básicos son, en la práctica, una condena de muerte silenciosa.
Responsabilidad compartida
Es indignante ver cómo Nueva EPS y Cafam activan “protocolos de verificación” solo cuando el cuerpo ya está en el suelo. La solidaridad expresada en comunicados de prensa suena hueca cuando no viene acompañada de una explicación clara: ¿Por qué Cecilia llevaba meses sin sus medicamentos?
La crisis en Norte de Santander, que afecta a cerca de 800.000 afiliados, no puede seguir siendo un cruce de dedos entre el Gobierno Nacional y los operadores. La salud no es un favor que se concede tras una fila de cuatro horas; es un derecho fundamental que el Estado está fallando en garantizar.
“La muerte de Cecilia Quintero debe ser el punto de quiebre. No podemos permitir que la indignación se disuelva en la siguiente noticia, mientras miles de ‘Cecilias’ siguen sentadas en salas de espera, rogando por el derecho a seguir viviendo.”


































































