En el ajedrez electoral de nuestra región, los tableros se están dividiendo de forma irreversible. Por un lado, tenemos el escenario del “recurso que brilla”: candidaturas que se sostienen en la amabilidad de salón, en el ser “señores”. Figuras como las que mencionas, donde nombres como Víctor Armero (quien ha venido ascendiendo desde lo local con el aval Verde) o liderazgos tipo “Arnulfo Mostacilla” un bombero que brinda siempre apoyo a las columidades coon o sin uniforme, representan una política de formas cuidadas, de caballerosidad que busca generar confianza a través de la tradición y el carisma personal. Es la política del “don de gentes”, pero que a veces corre el riesgo de quedarse en el brillo de la superficie.
Sin embargo, en el Norte y Sur del departamento, está germinando algo distinto. Es un liderazgo que no brilla por el oro, sino por la humildad económica. Son candidatos que no llegan con chequera, sino con propuestas; que no compran lealtades, sino que las siembran con ideas. Su estrategia es la resistencia: enfrentar las maquinarias con el peso de la realidad de quien sabe qué es vivir con poco.
El futuro: ¿Quién actuará en pro de la gente?
El país atraviesa una transición profunda. El modelo actual ya no solo pide gestión, sino una defensa radical de lo ambiental y la justicia social. En este contexto, el representante que realmente actuará por el pueblo en la Cámara no será necesariamente el que mejor salude, sino el que entienda que:
- La defensa de lo ambiental no es un eslogan, es la supervivencia de los territorios frente al extractivismo.
- Las energías limpias deben ser democratizadas para que el campesino del sur no pague las facturas más caras del país.
- El salario y la dignidad de los desfavorecidos deben estar por encima de los acuerdos de oficina.
El actor del cambio será aquel que logre amalgamar esa “caballerosidad” (la decencia en el trato) con la “humildad de la idea” (la firmeza en la reforma). Aquel que, al llegar a la Cámara, no se deje cegar por las luces de Bogotá y recuerde que su poder emana de las manos de quienes, en el norte y el sur, siguen esperando que la política deje de ser un espectáculo de señores para convertirse en una herramienta de justicia.


































































