Dice el refrán popular que «cuando el gato se va, *los ratones hacen fiesta», y parece que en el panorama político del Cauca*, la fiesta no solo es ruidosa, sino que se repite con la precisión de un reloj suizo cada cuatro años. Es una escena cíclica y, para muchos, profundamente deprimente: ver la reaparición de figuras como *José Darío*, quien muy «tieso y muy majo» regresa de los cuarteles de invierno para pedir el favor del voto por candidatos que, *en teoría, llevan el tinte azul, pero que en la práctica parecen haber olvidado sus raíces*.
*La crisis de identidad y el «acomodo»*
El centro de la crítica hoy recae sobre *Luis Miguel,* a quien en los corrillos del Parque Caldas ya señalan como el heredero del estilo de *Neneco Salazar*. El cuestionamiento no es gratuito; se trata de una falta de carácter que parece haber permeado a las nuevas generaciones de la política regional. *En lugar de defender las entrañas del Partido Conservador*, vemos un pragmatismo conveniente: el de acomodarse donde el sol más calienta para asegurar que *«el mercado» no le falte ni a él, ni a su círculo de «amiguis»*.
*Una lista que no fue*
Lo que realmente genera tristeza en la base conservadora , esos «hijos del partido» que han creído en la mentira durante décadas, *es la incapacidad de armar una verdadera lista azul. Resulta irónico, pero parece que en el pasado fue más fácil que un «mono» bajara del árbol e ingresara a las filas del partido*, que lograr que las directivas actuales aceptaran la realidad: hoy, el hijo adoptivo de Salazar no es más que una ficha en un tablero de intereses personales.
“Que se la crea su madre”*, reza la canción que hoy retumba en las esquinas de Popayán cuando se habla de estas candidaturas.
*El abandono de las bases*
El partido azul atraviesa una crisis de autenticidad. Se ha preferido el beneficio de unos pocos , los de siempre, *por encima de la lealtad a la militancia que sudar la camiseta en cada elección*. Mientras las figuras visibles se presentan con elegancia y discursos ensayados, el trasfondo sigue siendo el mismo: *una política de supervivencia personal donde el bienestar del departamento es, en el mejor de los casos, un objetivo secundario*.
Al final del día, l*os ciudadanos y los verdaderos conservadores se quedan con la sensación de un déjà vu amargo*. Si la política sigue siendo este juego de ratones ante la ausencia de un liderazgo real, la *“fiesta*” terminará por dejar la casa vacía.
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