El refrán popular advierte con sabiduría implacable: *“El que escupe para arriba, en la cara le cae”*. En la política colombiana, donde las genealogías suelen ser el mapa de navegación del poder, los contrastes entre el árbol y el fruto a veces resultan no solo irónicos, sino profundamente reveladores. El caso de la senadora *Paloma Valencia Laserna* y su abuelo, el polímata *Mario Laserna Pinzón*, es el ejemplo perfecto de una “mano izquierda” histórica que la derecha actual parece querer ignorar.
*Un legado de puentes, no de muros*
Mario Laserna Pinzón no *fue un hombre de blancos y negros. Fue el humanista que fundó la Universidad de los Andes, el matemático que dialogó con Einstein y el diplomático que entendió que las ideas son fluidas*. Pero el dato que hoy genera un cortocircuito en el discurso de su nieta es su paso por el Senado.
*Laserna no llegó allí por las filas del conservatismo* más rancio, sino bajo las banderas de la *Alianza Democrática M-19*.
*Es una ironía deliciosa del destino: el abuelo de la voz más crítica contra la izquierda y los procesos de paz, formó parte de la colectividad que permitió la transición a la vida civil del grupo guerrillero donde militó* el hoy presidente *Gustavo Petro*. Mientras la senadora Valencia construye su identidad política sobre la base de un antagonismo feroz hacia lo que ella denomina *“el castrochavismo”* o la insurgencia desmovilizada, la firma de su abuelo reposa en los anaqueles de la historia como un validador de esa misma apertura democrática.
*La paradoja de la herencia*
La expresión bíblica *“que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha”* cobra aquí un sentido literal y sarcástico. La “mano derecha” de la senadora, su discurso de orden, tradición y rechazo absoluto a la izquierda, parece desconocer lo que hizo la “mano izquierda” *de su linaje: apostar por la pluralidad y la inclusión de los antiguos alzados en armas en el juego democrático*.
*¿Cómo se concilia el ataque frontal a la legitimidad política de los exguerrilleros cuando la propia sangre fue el vehículo que los trajo al Congreso?* La respuesta parece ser una amnesia selectiva necesaria para sostener una narrativa de polarización.
*El peso de la historia*
No se trata de cuestionar el derecho de Paloma Valencia a tener sus propias ideas; la evolución (o involución) del pensamiento es libre. *Sin embargo, en política, la coherencia se mide con el espejo del pasado. Criticar con virulencia la génesis política de sus adversarios es, en última instancia*, escupir hacia un cielo donde todavía vuela el recuerdo de un abuelo que creyó en el diálogo y en la Alianza Democrática.
Al final, *la historia de los Laserna nos recuerda que Colombia es un país de matices que el fanatismo intenta borrar. Si la senadora mirara con más detenimiento el archivo de su abuelo*, quizás entendería que esa “izquierda” que tanto fustiga fue la que él ayudó a institucionalizar. *A veces, el enemigo que tanto se persigue fuera, tiene un asiento reservado en la mesa del comedor familiar*.

































































