Hoy, 8 de marzo de 2026, las redes sociales y los discursos oficiales se inundarán de frases sobre la valentía femenina. Sin embargo, hay una realidad que no cabe en un post de felicitación: la política colombiana sigue siendo un terreno hostil para las mujeres. Mientras el lema de la ONU este año nos llama a la “Acción para TODAS”, en Colombia esa acción se traduce en una lucha cuesta arriba para figuras como Lucy Guzmán y Rosalba Joaqui, quienes hoy, en lugar de recibir flores, están disputando centímetro a centímetro un espacio en el Congreso.
Es una ironía casi cruel que el mismo sistema que conmemora la lucha histórica por el sufragio sea el que, en la práctica, impone techos de cristal a las lideresas regionales. Lucy Guzmán yRosalba Joaqui no son solo nombres en una tarjeta electoral; representan la voz de territorios que han entendido que la igualdad no se “celebra”, se legisla. Su batalla por una curul es el reflejo de una brecha que las cifras no alcanzan a dimensionar: la de la representación real.
El Congreso: Un club que se resiste al cambio
A pesar de que las mujeres somos más de la mitad de la población, el Legislativo colombiano sigue funcionando bajo una inercia patriarcal. Las candidatas no solo compiten contra sus opositores; compiten contra:
- La falta de financiación equitativa.
- La violencia política de género que se ensaña en redes sociales.
- Las estructuras de partido que suelen relegarlas a renglones secundarios.
¿De qué sirve el reconocimiento internacional si, al momento de decidir el futuro de la justicia y la economía del país, las voces de las mujeres son minoría? Apoyar a lideresas como Lucy y Rosalba hoy no es un acto de cortesía, es una necesidad democrática. Si ellas no llegan, la agenda de equidad se queda en papel mojado.
De la Conmemoración a la Acción
Este 8 de marzo no debería tratarse de reconocer que las mujeres “pueden” estar en el Congreso ,eso ya lo sabemos. Debería tratarse de cuestionar por qué les resulta tan difícil llegar. La verdadera justicia para las mujeres y niñas de Colombia no está en un discurso de agradecimiento, sino en una estructura de poder donde la paridad sea la norma y no la excepción heroica.
Hoy, la mejor forma de honrar el legado de las trabajadoras de 1908 es asegurar que en 2026, las mujeres que conocen el barro y la lucha social tengan las llaves de la casa donde se hacen las leyes. Menos felicitaciones y más respaldo en las urnas.


































































