La retórica oficial suele llenarse la boca hablando de *“Paz Total” y “transformación regional”*, pero en el Cauca, esas palabras suenan a burla cruel frente al estruendo de los fusiles y el silencio cómplice de las carreteras bloqueadas. A las puertas de una nueva Semana Santa, *el panorama para quienes intentan llegar a Popayán por vía terrestre no es de fe*, sino de terror. La verdad es un secreto a voces que el Gobierno intenta maquillar con comunicados estériles: *la Vía Panamericana hoy no pertenece al Estado, sino a una criminalidad que se fortaleció ante la mirada pasiva de quienes juraron protegernos*.
Es inaceptable que, *mientras la delincuencia común y las guerrillas*, esas que nunca se fueron, sino que se multiplicaron, *se pasean como Pedro por su casa en cada milímetro de la vía, la respuesta gubernamental sea el mismo guion de siempre: consejos de seguridad que no aseguran nada y anuncios de refuerzos militares que nunca son suficientes*. No se trata solo de falta de hombres; se trata de una falta absoluta de voluntad política para ejercer autoridad en un territorio que parece haber sido cedido al mejor postor del caos.
*La Hipocresía del Olvido*
El Cauca se ha convertido en el *“caballito de batalla”* favorito de los políticos de turno. Vienen, *abrazan al campesino, prometen inversiones faraónicas y usan nuestra tragedia como bandera de campaña*. Pero una vez sentados en sus cómodos despachos en Bogotá, este rincón del país vuelve a ser ese lugar lejano que *solo importa cuando hay un bloqueo que afecta el bolsillo de las grandes industrias*.
*¿Dónde están los inversionistas? ¿Dónde está el desarrollo industrial?* No están, porque nadie invierte donde el Estado no garantiza ni siquiera el derecho básico a la movilidad. La economía de Popayán, que respira con dificultad gracias a la Semana Santa, el Congreso Gastronómico y las Fiestas de Pubenza, está herida de muerte por la inseguridad. *El Gobierno Nacional ha condenado a los caucanos a vivir de “eventos”, mientras nos niega una estructura económica sólida por el simple hecho de que no somos prioridad en su agenda de poder*.
*El Desprecio por el Ciudadano*
Decirle hoy a un turista que venga por tierra al Cauca es pedirle un acto de heroísmo que el propio Estado no está dispuesto a respaldar. Es doloroso admitirlo, *pero la seguridad en el Cauca no es una prioridad nacional; es apenas un tema de gestión de crisis que se atiende con pañitos de agua tibia cuando la presión mediática escala*
La capital de los caucanos no puede seguir mendigando atención cada vez que se acerca una procesión o un festival. *Exigimos que dejen de vernos como una estadística de orden público y empiecen a tratarnos como ciudadanos con derecho a la paz y al progreso*. El Cauca no necesita más promesas de campaña ni discursos de reconciliación vacíos; *necesita un Gobierno que recupere el control del asfalto y que entienda, de una vez por todas, que la soberanía nacional no termina donde empieza el peaje de El Estrecho*.
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