En política, dicen los viejos zorros, la suerte no existe; existe la preparación encontrándose con la oportunidad. Sin embargo, lo que estamos viendo con Octavio Guzmán en este 2026 parece desafiar incluso las leyes de la probabilidad política. Al asumir la presidencia del OCAD Pacífico, el Gobernador del Cauca no solo suma un título a su currículum, sino que se sienta en la cabina de mando del avión que transporta los recursos más críticos para el suroccidente colombiano: las regalías.
Un motor que suele toser
El OCAD Pacífico ha sido, históricamente, un escenario agridulce. Por un lado, es la esperanza de Chocó, Valle, Nariño y Cauca; por otro, ha sido un laberinto burocrático donde los proyectos entran llenos de vida y mueren de inanición técnica o lentitud administrativa.
Guzmán llega con un discurso refrescante y ambicioso, al prometer que el organismo dejará de ser un “escenario de papeleo” para volverse un “motor de transformación”. Habla de conectividad, educación e infraestructura, tres pilares que suenan a música celestial para las comunidades del litoral y el macizo que llevan décadas esperando que el Estado llegue en algo más que una camioneta oficial de paso.
La racha del “Gobernador con estrella”
Lo que llama la atención no es solo el cargo, sino el momentum. Como bien se comenta en los pasillos políticos, a Guzmán “le está saliendo todo a pedir de boca”. Esa narrativa de la “fuerza del pueblo” y su sello de autonomía absoluta le han dado un aura de invencibilidad que hoy lo posiciona como el interlocutor directo y necesario con el Gobierno Nacional.
Pero cuidado: la confianza de quien se sabe aliado del destino es un arma de doble filo. Presidir el OCAD es tener la llave de la caja, sí, pero también es cargar con la responsabilidad de que esos fondos no terminen convertidos en los ya famosos “elefantes blancos” que decoran nuestra geografía.
El reto del reloj
El éxito de Octavio Guzmán no se medirá por la elocuencia de sus discursos en la primera sesión ordinaria, sino por el cronómetro. El periodo de gobierno avanza y la reactivación económica no espera. El Cauca necesita que esa “suerte” o “fuerza” se traduzca en:
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Vías reales para los productores.
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Internet en las escuelas rurales.
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Transparencia total en la ejecución.
Si Guzmán logra que el OCAD Pacífico pase de la planeación a la ejecución real con la misma fluidez con la que se mueve en la escena política, estaremos ante un liderazgo histórico. De lo contrario, nos quedaremos con la anécdota de un gobernador al que el azar le sonrió, pero al que la ejecución le quedó grande.
Por ahora, el viento sopla a su favor. Veremos si sabe ajustar las velas para llevar al Cauca a puerto seguro o si solo está disfrutando del paisaje mientras dura la racha.
Columnista Invitado:
MARCELO ARANGO MOSQUERA
PERIODISTA CORPORACION COLOMBIA EXTREMO S.A.S


































































