En el complejo ajedrez de la política colombiana, *las palabras que Jesús de Nazaret pronunció en la cruz resuenan hoy con una vigencia escalofriante, aunque con un matiz distinto*. Mientras que en el relato bíblico invocaban el perdón ante la ignorancia, en nuestra realidad nacional parecen describir la ceguera voluntaria de una clase dirigente, *de extremos diestros y siniestros, que, en su embriaguez de poder, ha decidido ignorar que su verdadera razón de ser es el pueblo*.
*La ambición como único norte*
Tanto la derecha como la izquierda en Colombia parecen haber caído en la misma trampa narcisista:*la convicción de que el país les pertenece por derecho ideológico*. Se han enfrascado en una lucha de egos donde el objetivo ya no es el bienestar común, sino la aniquilación narrativa del adversario. *Mientras los unos se aferran a privilegios históricos bajo el discurso del orden, los otros se pierden en la burocracia del mesianismo bajo la bandera del cambio*.
En este fuego cruzado, *el ciudadano de a pie se convierte en un simple espectador, o peor aún, en combustible para las campañas*. La ambición de poder ha dejado de ser un medio para transformar realidades y se ha transformado en un fin en sí mismo. *Se gobierna para el tuit, para el titular de prensa o para la próxima encuesta, pero rara vez para el campesino que no tiene cómo sacar sus productos o para el joven que no ve un futuro claro en las ciudades*.
*El pueblo: el gran ausente*
Es doloroso observar cómo, *en las altas esferas de Bogotá y en los pasillos del Congreso, se discuten teorías abstractas mientras el país real padece necesidades tangibles*. La polarización se ha vuelto un negocio rentable para los políticos, pero un costo impagable para la sociedad.
- *La derecha* a menudo olvida que el crecimiento económico carece de alma si no llega a las regiones más apartadas.
- *La izquierda* suele ignorar que la retórica de la justicia social se queda en papel si no se acompaña de una ejecución técnica y transparente.
Ambos bandos parecen decir, con sus acciones, que *“no saben lo que hacen”* al fragmentar a una nación que ya ha sufrido suficiente violencia. No saben, o no quieren saber, *que al alimentar el odio*, están hipotecando la estabilidad de las futuras generaciones.
*Hacia una redención política*
Si aplicamos la esencia de la frase en cuestión, *el “perdón” no debería ser una invitación a la impunidad, sino un llamado a la reflexión profunda*. La política colombiana necesita urgentemente bajar de la cruz a los ciudadanos que ha crucificado con su indiferencia.
*Es hora de que los liderazgos entiendan que el poder es efímero y que la verdadera grandeza no reside en cuántos enemigos se logran derrotar, sino en cuántos colombianos logran salir de la pobreza*, la inseguridad y el olvido. Si la dirigencia no rectifica el camino, será el mismo pueblo quien, cansado de no ser visto, les recordará que el poder, al final del día, *emana de ellos y no de las ideologías que hoy los dividen*.
*MARCELO ARANGO MOSQUERA*
*DIRECTOR MEDIOS DE COMUNICACIÓN*
*CORPORACION COLOMBIA EXTREMO*
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