La historia reciente de Colombia nos ha enseñado que los panfletos nunca son “solo papel”. En Popayán, *lo que comenzó como un rumor impreso en hojas anónimas se ha transformado, con una velocidad aterradora, en una cartografía del luto*. La transición del panfleto al cadáver en barrios como Lomas de Granada y en la vereda La Meseta no es una coincidencia; *es la ejecución de una sentencia ilegal que la sociedad no puede permitirse normalizar*.
El fenómeno de la denominada *“limpieza social”* es, quizás, uno de los eufemismos más crueles de nuestro conflicto. *Bajo la promesa de una seguridad inmediata y una purga de lo “indeseable”, se esconde un mecanismo de control social que no busca justicia, sino exterminio*. Cuando se asesina a un joven en una esquina o se masacra a campesinos en una finca, *no se está “limpiando” la ciudad; se está erosionando el Estado de Derecho y reemplazando la justicia por la barbarie*.
*La trampa de la falsa seguridad*
Es comprensible que una ciudadanía agotada por la inseguridad sienta la tentación de ver en estos actos una solución radical. *Sin embargo, hay que ser claros:*
- *La violencia no educa:* La estigmatización de consumidores y sectores vulnerables solo profundiza las brechas sociales.
- *El miedo no es orden:* Una ciudad que camina con la mirada en el suelo por temor a una motocicleta no es una ciudad segura, es una ciudad sitiada.
- La ilegalidad se expande:* Quienes hoy disparan contra “el delincuente” mañana dispararán contra cualquiera que se oponga a su control territorial.
*La respuesta institucional: más allá de la cifra*
Las autoridades han reaccionado con el libreto habitual: consejos de seguridad, promesas de recompensas y aumento de pie de fuerza. Pero Popayán necesita más que una reacción reactiva. El hecho de que hombres armados puedan irrumpir en una finca en La Meseta o disparar a plena luz del día en sectores urbanos evidencia una *fractura en la inteligencia y en la prevención*.
La seguridad en la capital del Cauca no se recuperará solo capturando a los autores materiales de la masacre. Se recupera cuando el Estado llega antes que el panfleto. Se recupera cuando la inversión social en barrios marginados le quita el combustible a la criminalidad.
*”Aceptar la ‘limpieza social’ como un mal necesario es entregarle las llaves de nuestra casa al verdugo. Popayán no puede permitir que el miedo se convierta en el único lenguaje compartido entre sus habitantes.”*
Hoy, Popayán llora a sus muertos. Pero mañana, el reto es que ese luto no se convierta en una resignación silenciosa. *La seguridad es un derecho que se exige al Estado*, no una limosna de sangre que se le agradece a los violentos. *La ciudad blanca no puede teñirse de rojo bajo la indiferencia de quienes creen que, mientras no sea su puerta la que toquen, el problema no es suyo*. En la *”limpieza social”*,* al final, todos terminamos siendo blanco de la misma oscuridad.
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