La música popular colombiana se ha quedado en silencio. La noticia del fallecimiento de Yeison Jiménez, tras el trágico accidente de su avioneta en la vereda Romita de Paipa, no es solo un titular judicial o una estadística de la Aeronáutica Civil; es un golpe seco al alma de un país que se veía reflejado en su historia de superación.
A sus 34 años, Yeison no solo era un cantante; era el símbolo vivo del “sí se puede”. Desde las plazas de mercado donde comenzó su camino, hasta los escenarios internacionales que conquistó con éxitos como ‘Aventurero’ y ‘Bendecida’, Jiménez trazó una ruta de éxito basada en la disciplina y una conexión genuina con el pueblo.
La fragilidad detrás de la gloria
Resulta dolorosamente irónico que su último mensaje en redes sociales describiera su concierto en Málaga como algo “mágico”. Esa magia se extinguió en la tarde de este 10 de enero, recordándonos la vulnerabilidad que acompaña incluso a quienes parecen haberlo alcanzado todo. El destino, caprichoso y cruel, decidió que su viaje a Medellín fuera el cierre definitivo de una carrera que aún no conocía techo.
Un legado que trasciende el género
¿Por qué duele tanto la partida de Yeison?
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Identidad: Supo dignificar la música popular (o “de despecho”), llevándola a audiencias jóvenes y diversos estratos sociales.
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Humildad: Nunca ocultó sus orígenes en Manzanares, Caldas, lo que generó un vínculo de respeto y hermandad con su audiencia.
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Empresario y mentor: Más allá de su voz, fue un referente de emprendimiento para las nuevas generaciones de artistas.
El luto de una nación
Hoy, las redes sociales se inundan de incredulidad y dolor. Ese “vuela alto” que hoy le dedican sus fanáticos no es una frase hecha; es el deseo de un país que hoy canta sus canciones con un nudo en la garganta.
La investigación de la Aeronáutica Civil dará respuestas técnicas sobre los fallos de la aeronave N325FA, pero no hay peritaje que pueda explicar la pérdida de un talento en su plenitud. Colombia despide a un grande, pero su voz, grabada en el ADN de las cantinas, las fiestas y los hogares, se queda para siempre.
Descansa en paz, Yeison. El escenario se queda oscuro, pero tu música seguirá siendo el faro de quienes, como tú, se atreven a soñar en grande.


































































