El gobierno habla de estadísticas de seguridad, pero en el Cauca la realidad es otra. Mientras en Bogotá se discuten cifras de homicidios que supuestamente van a la baja, aquí, en nuestras veredas y municipios, la vida se ha vuelto una ruleta rusa. *Los secuestros de Guido, de Óscar Jordán “el Mocho” de Padilla, y el hijo de Samuel no son solo titulares, son el reflejo de una herida profunda que el Estado no logra sanar.*
La seguridad no se puede medir únicamente con números. *Una estadística que muestra una ligera disminución de la criminalidad no significa nada cuando el miedo es la constante en la cotidianidad*. La gente del Cauca no siente que está más segura; todo lo contrario. Se siente más vulnerable que nunca. Este contraste entre el discurso oficial y la realidad es una burla para quienes viven bajo el yugo de los grupos armados y delincuenciales.
Estos grupos han logrado *consolidar su control territorial* de una forma alarmante, aprovechando la débil presencia del Estado. El secuestro se ha convertido en una forma de financiación y en una herramienta de intimidación. No se trata solo de dinero, sino de demostrar quién tiene el poder en la región.
*El costo humano de las cifras*
Detrás de cada secuestro hay una familia que se desgarra, una comunidad que se silencia y un futuro que se desvanece. *La frialdad de las estadísticas no puede capturar el dolor de una madre que espera noticias de su hijo, ni la angustia de un empresario que ya no puede trabajar con tranquilidad*.
La *“seguridad”* que tanto se pregona se queda en los despachos, mientras que en nuestros pueblos la gente se ve obligada a cuidarse sola.
Es hora de que el gobierno mire más allá de los informes y se enfoque en la *percepción de seguridad* de los ciudadanos. La confianza en las instituciones se ha erosionado, y con razón. Las políticas de “paz total” no parecen estar funcionando en el Cauca, y la escalada de violencia es la prueba más dolorosa.
*¿Hacia dónde vamos?*
Para recuperar la seguridad en el Cauca, se necesita más que estadísticas optimistas. Se requiere una estrategia integral que combine una *presencia militar efectiva*, una *inversión social real* que ofrezca oportunidades a los jóvenes, y una *respuesta rápida y contundente* frente a los crímenes de alto impacto.
*No podemos seguir aceptando que el Cauca se convierta en una zona de sacrificio*. La vida de sus habitantes es valiosa y no puede ser reducida a una simple cifra en un informe gubernamental. *El tiempo de las palabras se acabó, es hora de que las acciones hablen*.
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